El cuadro que podría pintar hoy Hamilton

¿Cómo sería si Richard Hamilton pintase hoy día el famoso cuadro que dio inicio a esta vanguardia? Con todo el respeto y admiración hacia su persona y su arte, me aventuro a dar esta versión de su Just What Is It That Makes Today's Homes So Different, So Appealing?, 1956 (¿Qué es lo que hace a los hogares de hoy tan diferentes, tan atractivos?)
 Y es que si en los años 50- 60 la ironía y la parodia iban de la mano para enfocar la paradoja de la cultura popular norteamericana que empezaba a emerger con fuerza en la mentalidad europea, a día de hoy podemos hacer una autocrítica de esa manipulación de los patrones de vida adquiridos (hasta la actual crisis) y que supuestamente pensaban mejorar la prosperidad de la sociedad.
Tal y como parece demostrar la obra, los jóvenes son arquetipos, copias estéticas de lo que hoy se sigue considerando como sinónimo de éxito: la apariencia, la belleza exterior. Continuamos imbuidos en los mensajes apocalípticos, persuadidos por anuncios e historias superficiales de los medios de comunicación y lo que éstos emiten bajo la  premisa de “ser la demanda del público”. Los iconos de moda adolescentes rayan lo absurdo, pero se imitan con orgullo: la mujer “de revista” con el trozo de carne en la cabeza (creo no hace falta que diga más). El hombre sigue el modelo escultural “de gimnasio” (no intelectual, pero con gafas de pasta para aparentarlo) y dependiente de la nueva tecnología como la blackberry y otras innovaciones (que a los meses quedan caducas). En el cuadro de Hamilton de la pared colgaba un cartel de cine romántico de la época. Hoy ese cine americano se nos traslada a la historia más simple con pretensiones de profundidad, ¡pero arrasa en taquilla! Lo que antes era el icono de Ford (símbolo del sueño americano), hoy puede ser la marca Lehman Brothers vuelta del revés (prosperidad americana en bancarrota, imagen de la decadencia de esos valores americanos). Además se une con otro símbolo que arrasa entre los jóvenes como una nueva moda, el “15 M”, reivindicación y rebelación con su propio equipamiento: máscara y pancartas protesta. Es la paradoja del momento: por un lado jóvenes en busca de trabajo, hipotecados hasta el fin de sus días (los bancos son la realidad exterior, la “canción” que se escucha todos los días); pero por otro, envueltos en la sociedad de consumo que comenzó en la década de los 50, dispuestos a creer que necesitan nuevos aparatos electrónicos para vivir, dejándose arrastrar por las superficialidades y convirtiéndose ellos mismos en prototipos creados por las empresas. No existen diferencias para apreciar en el cuadro jerarquías de valor, las personas valen tanto como sus objetos.
El Arte Pop es popular, transitorio, consumible, de bajo coste, de producción masiva, efectista y atractivo para la juventud (así lo definen los expertos). Pero cabe pensar hasta qué punto hemos interiorizado ese concepto en nuestra sociedad, algo tan inocente como un movimiento artístico que veía desde lejos esa “americanización” del mundo (y se reía de ello) ahora se encuentra como algo común entre nosotros. Y esa adaptación de los valores ha llevado consigo consecuencias como las que ahora padecemos.
La juventud debe hacer una reflexión personal, autocrítica del modelo de vida para no dejarse alumbrar por nuevas “modas” con apariencia de progreso y bienestar.
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