ESPECIAL: Rodin encaja en nuestros tiempos

Análisis especial del Diario La Cámara sobre la muestra de Rodin en Pamplona. Hasta el 19 de febrero la plaza más concurrida de Pamplona se convierte en un museo al aire libre. Los viandantes podemos maravillarnos con las increíbles esculturas de Auguste Rodin.

Pero, a pesar de que todo el mundo haya escuchado o visto la famosa creación de “El pensador”, no todos conocen el porqué de las obras del autor. Y lo cierto es que con casi tres siglos de diferencia, hoy día el escultor francés podría conversar con el común de los mortales (más bien, la mayoría) sobre la misma manera de comprender la vida y el mundo.
Un hombre cultivado en el lado académico de las artes más neoclásicas o tradicionales, que decidió hacer de su expresión algo más que la mera imitación de la realidad. Es lo que diferencia el conservadurismo del progreso y la modernidad: cuestionar la validez de la formación académica (en este caso en bellas artes) y la concepción sobre la relación entre la obra y su público (entonces “separada” de forma elitista con el pedestal). La fama entre el público le vendría en poco tiempo, pero también las críticas de los “entendidos” confundiendo algunas de sus obras con la de los impresionistas. Es cierto que comparte esa rebeldía que desdeña el aspecto superficial del acabado, muchas veces dejaba como inconclusa una obra dando prioridad a la imaginación del espectador, queriendo que él mismo tratase de introducirse en las esculturas (sugiriendo el caos y la forma) y sacase sus propias conclusiones. Lo mismo que su idea de quitar el pedestal a sus esculturas: el público y la obra quedaban a la misma altura, mayor cercanía y contacto. Ya no valía que la obra quedase bien pulida, rematada, “perfecta”. Rodin dio otro paso más allá, el necesario para que el arte pueda ser comprendido como lo que es: una expresión del autor capaz de conectar con el público. La necesidad de expresar la profundidad de los sentimientos y estados a través del cuerpo humano es lo que hace que sus esculturas parezcan desproporcionadas. 
En los inicios del Impresionismo, este autor fue considerado un artista rebelde contra los prejuicios y convencionalismos del mundo burgués. Hoy es sobradamente reconocido y admirado. Al ser humano moderno no nos interesa la idealización, estamos saturados de la desilusión por modelos elevados, de la frivolidad de muchas personas a las que se les debería quitar el respeto, en definitiva, de las apariencias de “todo es perfecto si representa lo que debe ser”. Las palabras favorables que más se escuchan hoy día son “cambio”, “progreso”, “innovación”. Se podría decir que Auguste Rodin era un impulsor de la persona en sí (mediante su obra y lo que repercutía en el espectador), y nosotros también deseamos esa sinceridad y honradez en todos los ámbitos. La revolución pasa por un estado de rebeldía y disconformidad, pero tendrá éxito si se justifica por la verdad del hombre, el beneficio de la sociedad en su conjunto, por encima de un concepto o ideología abstracta y teórica.
El arte se puede disfrutar sin muchas condiciones, pero eso sí, el verdadero goce sólo viene con el conocimiento, pudiendo dar paso al entendimiento y comprensión. Porque las cosas siempre se hacen con intención, y Rodin nos lo muestra.
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