La última excentricidad de Hollywood se incluye en los Oscar

Solo en Hollywood puede ser real. La noticia de la creación de los Premios Golden Collar (para valorar y premiar la interpretación canina en el cine) ya ponía de manifiesto la excentricidad a la que es capaz de llegar el mundo del cine más comercial o del espectáculo. 



Sólo en los círculos de grandes productoras y empresarios, de blockbusters y marketing puro y duro orientado a lograr las candidaturas a los Oscar, sólo entre los trajes y joyas caras, y la gran alfombra roja podía suceder que los ladridos de un perro valiesen tanto o más en reconocimiento que la interpretación de un ser humano.

No estamos hablando de no considerar o menospreciar los derechos de los animales que, como sociedad moderna, entendemos que todo ser viviente merece el respeto por igual y digno. Ya lo dijo Gandhi, “La grandeza y el progreso moral de una nación se mide por cómo trata ésta a los animales”. Pero esto se excede, pues en este caso (hoy perros, mañana…cualquier mascota) son marionetas desfilando entre gente con mucho dinero y tiempo libre, y pocos escrúpulos. Las asociaciones de protección de animales deberían estar alerta: contratos para el perro, desfiles, sesiones de fotos, entrevistas…, ni los humanos aguantan casi el ritmo.
Podría quedarse en unos premios sin repercusión, como mera diversión de la “jet”, pero parece que es fácil caer en el absurdo del negocio. Ese punto lo pone el gran director Martin Scorsese y sus molestas declaraciones para que el perro de su última película (“La invención de Hugo”) compitiese con la estrella canina de “The Artist”. Duele ver cómo un verdadero cineasta (con cabeza para comprender y demostrar lo qué significa el séptimo arte) sea capaz de entrar en ese juego que no va más allá de la información basura. Pero lejos de que se quede en una escasa repercusión mediática, ya se han encargado los “jefazos” de que la idea se introduzca entre los verdaderos premios: el perro que trabaja en “The Artist” protagonizará un sketch con Billy Cristal en la próxima ceremonia de los Oscar. 
Alguien se lo habrá planteado pero, ¿es necesario exponer a un animal en un ambiente que no será seguro de su agrado sólo para ver reír y aplaudir al público? Esos que presumen o llevan la categoría propia de expertos y entendidos de cine, ¿serán capaces de disfrutar como en un circo? También es verdad que el dueño de dicho perro se embolsará una buena fortuna dotando, esperemos, de una vida apacible a su mascota. 
 Los premios se reconocen por el esfuerzo y para estimular a nuevos aspirantes a superar a los mejores de hoy. No caigamos también nosotros en considerar absurdos reconocimientos que gente, sin grandes preocupaciones, se encarga de organizar con el pretexto de que gusta al público (masa) general. La cara oculta u oscura de Hollywood ya era conocida, pero no por ello debemos nosotros también apagar la luz de la sensatez.
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