ENTREVISTA EN LA CÁMARA: Fran Carrillo, Director de La Fábrica de Discursos

La desconfianza de la sociedad actual en sus líderes parece que se acrecienta día a día. El discurso político, económico e incluso mediático está lleno de demagogia y es cada vez más superficial. Para analizar este discurso actual entrevistamos hoy en Diario La Cámara al consultor internacional de Comunicación política y empresarial y Director de La Fábrica de Discursos Fran Carrillo.
(www.lafabricadediscursos.com)

“Los discursos actuales están faltos de sustancia, de definición, de valentía conceptual”


¿Hoy en día un buen discurso en una forma más del marketing político?

Sí. Es la vía que el orador tiene para vender lo que es mediante lo que dice. Hoy en día si no te vendes, estás vendido. Para gobernar bien, primero debes comunicar bien lo que más tardes vas a gestionar bien. Es la esencia de la oratoria política.

¿Es más importante cómo se dice que lo que se dice? 

El qué siempre será más importante que el cómo. Un discurso no debe tener sólo contenido e impacto emocional. Debe rodearse de contundencia argumental y razonamiento conceptual para generar confianza y credibilidad en quien nos escucha. Aunque luego hay que tener bien trabajado la forma de transmitirlo, porque la percepción visual y auditiva llega antes que el contenido del propio mensaje.

¿Hay que dejar los eufemismos fuera de los discursos?

Sí. El eufemismo oscurece el lenguaje y con ello impide que la razón se ilumine. Es la antítesis de la metáfora. Esta, enriquece el discurso, mientras que el eufemismo disfraza las intenciones del mismo. Es falta de autenticidad y ello provoca que la gente no te crea. 

La sensación es que hoy en día el alto número de mítines, discursos de líderes políticos, económicos, sociales... parece que el mensaje que se da es cada vez más superficial y está dirigido a una “masa” a la que alienar. ¿Consideras los discursos actuales más vacíos y demagógicos? 

Los considero falto de sustancia, de definición, de valentía conceptual. Cuanto no te quieres hacer entender, la consecuencia más inmediata es la falta de atención constante que se producirá en tu interlocutor. El lenguaje está para provocar el entendimiento mediante el discernimiento. Hay que procurar que los discursos sean pulcros y bellos sin dejar de ser sencillos y claros.


¿Se están aprovechando de esto los líderes populistas?

Con pertinaz abuso.

En este mismo sentido parece mejor leer un buen libro o ver una buena película para entender a la sociedad y la situación actual, que escuchar al político de turno, el cual ha perdido mucha credibilidad. ¿Qué se debe cambiar para que los discursos vuelvan a recuperar profundidad? 

Primero, hacerlos más breves y concisos. Debes concentrar en el 20% de tu discurso el 100% de su importancia. Segundo hacerlos más concretos, sin divagaciones, con una idea central definida y potente. Tercero hacerlos más claros, que lo entienda todo el mundo, con los tecnicismos justos y los datos indispensables. Cuarto, hacerlos más contundentes, para que se vea que quien lo emite cree en lo que dice y se puede confiar en él. Quinto y último, hacerlos más cercanos, para que el oyente se identifique contigo por lo que dices y por cómo lo dices. Que te vea íntegro y coherente.

¿A quién consideras un buen comunicador actualmente?

Dentro del mundo político Esperanza Aguirre, Alberto Ruiz Gallardón, Antonio Miguel Carmona, Alberto Garzón, Barack Obama o Nicolas Sarkozy. Fuera de ella Ken Robinson, José Antonio Marina o Mario Alonso Puig, por citar algunos. Hay buenos líderes en la actualidad comunicando. Son la excepción, no la regla, desafortunadamente.

¿Quién debería dar clases?

Personas que, por su experiencia o formación, tienen el know-how imprescindible para transmitir y hacer de esa transmisión el mejor ejemplo de conocimiento, convicción y claridad.

¿Cuáles serían las claves para hacer un buen discurso?

Siempre depende del contexto en el que estés, es decir, de las personas que te escuchan y el lugar en el que declamas. Pero por resaltar algunas siempre subrayo la imperiosa obligatoriedad de tener un mensaje definido y repetirlo estratégicamente en el lugar convenientemente. Rodearlo de historias, anécdotas, ser concreto y no abstracto. Que escuchen y atiendan a los intereses, motivaciones y necesidades de la audiencia para lograr el estado de conexión correcto. Dotarle del ritmo adecuado, gestionando bien los silencios y pausas comunicativas. Y otorgarle esa entonación diferente que focaliza el concepto o conceptos importantes.

¿Qué errores son los más frecuentes en los discursos?

No crearlos previamente en nuestra cabeza, no darle la importancia que merecen. No definir lo que queremos decir. Subordinar frases que no aportan nada. Estar sometidos a ellos y no ellos a nosotros. Por resaltar algunos.
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