Panahi, el verdadero sentido del cine en la Berlinale


El cineasta Jafar Panahi es actualmente el gran ejemplo de la importancia que tiene el arte en el progreso de una sociedad. Panahi, junto al también director Mohammad Rasoulof, está condenado por el actual gobierno iraní a no hacer cine, a no viajar y a un arresto injusto por defender los derechos humanos mediante el cine. Sin embargo, las trabas del totalitarismo de Ahmadineyad no han impedido al artista expresarse. 

En 2011 dio una lección de compromiso al mundo con la película 'This Is Not A Film', en la que, junto al realizador Mojtaba Mirtahmasb, desarrolló una obra de denuncia jugando con las oportunidades que da el arte para expresarse. "Me condenaron a no poder dirigir una película en 20 años pero no a actuar o leer un guión", dice el director en el filme. Ahora, Panahi vuelve, lo hace en el Festival de Berlín (muestra que ganó en 2006 con Offside, también tiene el León de Oro de Venecia por 'El círculo') con el documental 'Parde (Closed Curtain)', aunque, por desgracia, no podrá presentarlo él, por la condena que mantiene Teherán. Hasta el portavoz del Ejecutivo alemán, Steffen Seibert, ha pedido al Gobierno iraní que permitan viajar a Panahi al "pacífico y tolerante" certamen.


LA PELÍCULA. Pardé es la historia de dos personas que se dan a la fuga, un hombre con el perro que se le prohíbe tener porque el Islam lo considera impuro, y una joven que participa en una fiesta clandestina a las orillas del mar Caspio. Ambos se recluyen en una remota villa y bajan las cortinas bajo las sospechas que uno infunde sobre el otro. ¿Por qué él se afeita la cabeza? ¿Cómo es posible que ella sepa que le persigue la policía? Ambos son ahora compañeros de celda en medio de un contexto incomprensiblemente hostil. 

CANNES. En 2010  fue elegido miembro del Jurado del Festival de Cannes pero tampoco pudo acudir porque estaba encarcelado. Así que su silla, que curiosamente era la que estaba junto a la de Víctor Erice, se dejó vacía. Su compatriota, el director de 'Copia Certificada', Abbas Kiarostami, declaró en dicho festival que "el mundo del cine está siendo agredido, que cineastas estén en la cárcel por hacer películas es algo intolerable, el mundo no puede quedarse indiferente ante este atropello, porque con esto, es el arte en su conjunto el que está preso". A lo que añadió que "el Gobierno iraní no tolera a los cineastas independientes de mi país, y sólo pone palos en las ruedas del cine independiente... pero ahora ha traspasado unos límites inaceptables. No sé lo que va a ocurrir, porque nada de lo que pasa en Irán es previsible".


APOYOS. Además, condenaron su detención los directores de cine Ken Loach, los hermanos Dardenne, Jon Jost, Walter Salles, Olivier Assayas, Tony Gatlif, Kiomars Pourahmad, Bahram Bayzai, Asghar Farhadi, Nasser Taghvai, Kamran Shirdel, Paul Haggis, Sean Penn, Harvey Weinstein, Robert Redford, Martin Scorsese, Steven Spielberg, Robert De Niro, Ethan y Joel Coen, Michael Moore, Jonathan Demme, Jim Jarmusch, Oliver Stone y Tahmineh Milani, los actores Brian Cox y Mehdi Hashemi, las actrices Fatemeh Motamed-Aria y Golshifteh Farahani, los críticos de cine Roger Ebert, Amy Taubin, David Denby, Kenneth Turan, David Ansen, Jonathan Rosenbaum y Jean-Michel Frodon, la Federación Europea para las Asociaciones Nacionales de los Directores de la Televisión y del Cine (FERA), la Academia de Cine Europeo, los australianos Asia Pacific Screen Awards, la Network for the Promotion of Asian Cinema, el Festival de Cine de Berlín, el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, el Festival Internacional de Cine de Roterdam, el festival cinematográfico checo Febiofest, la estadounidense National Society of Film Critics, la canadiense Toronto Film Critics Association y el Consejo Turco de Cine pidieron su liberación, así como los ministros franceses Bernard Kouchner (asuntos exteriores) y Frédéric Mitterrand (Cultura y Comunicación), el ministro alemán de asuntos exteriores Guido Westerwelle, el Gobierno Canadiense, la diputada verde finlandesa Rosa Meriläinen y Human Rights Watch.

Cuando los Gobiernos atacan la Cultura saben perfectamente lo que están haciendo, su objetivo no puede ser otro que el totalitarismo, sea ideológico o financiero. Cuando lo que triunfa en un país es la telebasura y sus habitantes viven idiotizados por el continuo bombardeo de cifras incomprensibles, alineaciones de equipos de fútbol, realitys y discursos superficiales, esos tiranos están detrás. Si los periodistas siguen despreciando cada vez más el arte y marginándolo a una pocas páginas junto a los cotilleos de famosos, casos como los de Panahi solo son el principio de lo que vendrá. 
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