Todo sigue bien


Las recientes críticas de intelectuales españoles en sus columnas en diarios y semanales acerca de la actual situación en nuestro país recuerda inevitablemente a la película de Jean-Luc Godard y Jean-Pierre Gorin, Todo va bien, cuando todavía formaban el Grupo Dziga Vertov. La obra de 1972 cuenta con dos estrellas internacionales, Yves Montand y Jane Fonda, que, al igual que les sucedía a la pareja formada Ingrid Bergman y George Sanders en Viaggio in Italia de Rossellini, son dos personajes en crisis que deben decidir su papel en un contexto histórico cambiante. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en la obra italiana, en este caso, Montand y Fonda no están en una situación de posguerra sino en un cambio provocado por una revolución intelectual llamada mayo del '68.

Ahora no estamos ni en uno ni en otro momento, no venimos de una guerra ni de una revolución, pero sí estamos en crisis. Una crisis económica, que no contenta con hundir nuestra economía, también ha atacado los valores fundamentales de los seres humanos. No tenemos muy claro si para cambiar el sistema necesitamos una revolución al estilo francés o una ruptura con el modelo de vida que hemos llevado hasta ahora. Pero sí tenemos claro, o deberíamos tenerlo, que nos están engañando continuamente. Nos mintieron cuando nos dijeron que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidad, mienten de nuevo cuando plantean las prioridades en los presupuestos de nuestros países y seguirán mintiéndonos mientras no tomemos una decisión conjunta como sociedad. Esto, que es muy bonito escrito, no lo es tanto cuando lo queremos poner en práctica. La dificultad para organizarse, los intereses de unas y otras personas y los falsos mitos creados por el capitalismo hacen imposible que el individualismo al que nos ha llevado este sistema económico se convierta de repente en solidaridad. 

Pero no todo está perdido, hay una salida común en la que todos podríamos coincidir. Para encontrar ese camino es imprescindible que las nuevas generaciones opten por la expresión creativa, es decir, por la Cultura. Si recuerdan el comiendo de Soñadores de Bernardo Bertolucci, no había nada que pusiera tan nervioso al poder establecido que unos cuantos profesores de universidad apostando por el cine como la nueva fuente de los jóvenes para reaccionar ante las imposiciones totalitarias. Es verdad que vivimos en una democracia, pero esa democracia solo funciona a nivel gubernamental, ya que hay bancos, grandes corporaciones y 'entes' a los que nunca hemos votado y que, sin embargo, gobiernan nuestra vida. A esos 'entes' les da mucho miedo la Cultura, les da pavor que la gente piense. Ahora, yo les propongo que les aterroricemos.
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