'El molino y la cruz', pensamiento, creación y arte


El miedo que tenemos a un gobernante incompetente imponga el pensamiento único es infinitamente menor al que tiene él al desarrollo del pensamiento plural de su pueblo. Esta reflexión podría ser el mensaje de fondo que existe en todas las dictaduras pero también en la mayor parte de las injusticias que se cometen cada día. 

"Están violando y humillando a nuestros cuerpos y almas. Violando y humillando la caridad y la virtud. Nuestra tierra será reducida a la mendicidad. Si el tiempo sólo pudiera pararse. Si sólo lo hicieran volver a pararse. Entonces podríamos luchar contra el sin sentido. Es el momento de tumbarlos, decirles claramente su nombre en su cara y quebrar su poder", este párrafo es una de las conversaciones que Rutger Hauer, interpretando a Pieter Bruegel, mantiene con su amigo y coleccionista de arte Nicholas Jonghelinck (Michael York) en la película El molino y la cruz, de Lech Majewski. Lo que Bruegel busca en el arte es la esencia misma de la creación, la posibilidad de que una obra consiga, además de registrar un momento histórico dado y su contexto, remover conciencias, permitir la reflexión y hacer crecer a las personas. 

La obra de Majewski es técnicamente perfecta pero además muestra la clave del arte, desde que nace la idea, la forma, hasta que se convierte en un cuadro, o una película, que traspasará el lienzo época tras época para enseñar a los hombres los caminos que se recorrieron, la piedras que había en ellos y los lugares en los que se tropezó. Tenemos ante nosotros una historia contada durante años que sigue haciendo que las personas sean cada día mejores. Es una historia de injusticia, es un relato lleno de dolor, pero Majewski nos muestra que no debemos quedarnos con el sufrimiento sino con aquello que pueda desarrollarnos como seres humanos. 

La inquisición y los gobernantes que la potenciaron quisieron un control absoluto de la sociedad, imponer la idea única, el terror, cuando las enseñanzas en las que se basaban planteaban todo lo contrario. "Yo sabía que desde el día en que se agitó dentro de mí y cuando él creciera, traería la luz al mundo. Y esa luz esta amenazada por la astuta y oscura conveniencia de nuestros podridos usos y costumbres. Él era una amenaza para todos los peligrosos imbéciles cuya preocupación no es ni Dios ni el hombre pero si sus propias miserables certezas y poder. Y ahora ya está oscuro. Los usos y costumbres han ganado la noche. Y ya no lo entiendo", concluye Charlotte Rampling, que interpreta a María.
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