¡Qué arte TIENE De Niro!


Con motivo del 70 cumpleaños de Robert de Niro, el crítico de cine Carlos Boyero publica hoy en El País un artículo titulado ¡Qué arte tuvo De Niro! Tras una introducción acerca del gran actor y prometedor director a la que no le pondría ni una coma, Boyero continúa exponiendo las grandes películas de sus primeros años y destaca sus interpretaciones más importantes. Entre ellas, cita El Padrino II, Taxi driver o Toro salvaje. Además de mis dos obras predilectas de De Niro, Novecento, de Bernardo Bertolucci, y El cazador, de Michael Cimino. 

Respecto a estos primeros párrafos no tengo ninguna clase de crítica negativa, es más me parece que ha hecho una acertada selección, aunque yo hubiera incluido también títulos como La misión, en la que De Niro hace un trabajo excepcionar de conversión interior y exterior del personaje, y Los intocables de Eliot Ness, desde mi punto de vista el gran Al Capone del cine, con permiso de Rod Steiger. 


Sin embargo, tras ese texto de alabanzas, Boyero cae en un tópico bastante extendido hoy en día y con el que no puedo estar más en desacuerdo. "Pero a este actor legendario también le llegó el invierno y a mi juicio envejeció fata", escribe Boyero, para después atacar sus interpretaciones en El cabo del miedo New York, New York, y asegurar que en los últimos años solo se puede destacar su presencia en Casino y Heat. En este sentido, tengo que dar la razón al crítico en que ambas películas son las más destacables de De Niro en las últimas dos décadas. Pero esto no quiere decir que sean las únicas. ¿Por qué no cita Uno de los nuestros, de Martin Scorsese? 

De acuerdo, no le gustó la versión del monstruo de Frankenstein un tanto pretenciosa de Branagh, pero eso no es suficiente razón para olvidarnos de De Niro en los últimos años. El actor, además de hacer papeles dramáticos, también es un excepcional intérprete cómico. No me refiero a esas sagas de obras mediocres de domingo por la tarde que ha protagonizado, sino Jackie Brown, de Quentin Tarantino, o a la valiente y descarnada La cortina de humo, de Barry Levinson. 


Para concluir, ya que siento respeto por el señor Boyero y comprendo sus críticas aunque me parecen un tanto tópicas, creo que no podemos tampoco decir que una persona está acabada solo por un buen número de obras comerciales sin demasiadas pretensiones, muchas de ellas bastante más decentes que la mayor parte de lo que se estrena cada viernes en el cine. Principalmente cuando en los último premios Oscar ha sido nominado y viendo que ya tiene un nuevo proyecto con Scorsese y otro con Penn. Veremos que sale, pero tengamos un poco más de respeto, porque, sinceramente, creo y espero que dentro de De Niro quede algo de Alfredo Berlinghieri, igual que (y ahora pueden criticarme sin compasión) espero que dentro de Depardieu haya todavía algo de Olmo Dalcò.
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