'Tú y yo', regreso triunfal del genio italiano


No voy a negar que siento una especial predilección por Bernardo Bertolucci y que, por lo tanto, antes de ver cualquiera de sus películas estoy más que predispuesto a que me guste. Sin embargo, eso no quiere decir que no pueda juzgar correctamente su trabajo más allá de que sus historias me apasionen siempre. En esta línea de objetividad que quiero llevar a lo largo de toda mi exposición sobre su último filme, Tú y yo, quiero empezar diciendo que ha valido la pena esperar diez años para poder ver su nueva obra. A pesar de sus dificultades para poder ponerse de nuevo detrás de una cámara y la responsabilidad que conllevaba volver tras treinta años a su país natal a rodar, Bertolucci ha creado con Tú y yo una película que recorre y profundiza en las escenas y los pensamientos más importantes de su filmografía.


En Tú y yo Bertolucci recoge el testigo de Soñadores y nos vuelve a hablar acerca de la maduración, del desarrollo personal y, sobre todo, de cómo se obtienen las lecciones más importantes de las personas en las que menos esperanza habíamos depositado. No se trata de una clase magistral, ni de enunciar moralinas universales, hablamos de compartir y aprender mediante el conocimiento mutuo. En un principio podríamos pensar que el personaje de Lorenzo, al que vemos seguro de sí mismo y convencido de que no necesita a nadie, va a ser superior a su hermana, Olivia, hundida y atada por las drogas. 

A pesar de que él sea el hermano pequeño, su madurez es aparentemente mayor a la de Olivia. Pero Bertolucci sabe que hacer avanzar una historia es principalmente un viaje interior y, por eso, sería impensable que la hermana no pudiera enseñar nada a Lorenzo y, por lo tanto, que solo fuera una víctima entre las cuatro paredes de un sótano. De esta forma, cuando Olivia comienza a mejorar y va poco a poco superando el mono, nos damos cuenta de que nadie es inmune a las preguntas fundamentales que se hace todo ser humano y que por muy convencidos que nos encontremos de algo, como Lorenzo, todo se puede tambalear con solo una mirada. 

Esto es lo que hace a Bertolucci único, la posibilidad de que dos o tres personajes, que en un primer momento se nos muestran estancos y bastante poco interesados a cambiar de opinión, evolucionen no por un fin material sino por la relación entre ellos. Por eso, no es extraño que en Tú y yo encontremos a parte de Olmo y Alfredo (Novencento), de Paul y Jeanne (El último tango en París), o de Matthew, Isabelle y Theo (Soñadores). A los que se unen dos nuevos personajes, Lorenzo y Olivia, gracias a los cuales Bertolucci nos habla de nosotros mismos. 
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