Crítica: 'Hibernation', de Jon Mikel Caballero


"Amamos aquello que podemos perder. Tú mismo, tu mujer, tu país...". Para muchos esta frase es la clave de un autor, un pensador, un artista, una revolución cinematográfica. Se llamaba Andrei Tarkovski y en 1972 estrenó Solaris. Una historia de amor, una reflexión sobre los recuerdos y la pérdida que supuso una forma nueva de entender la ciencia ficción. Se conocía la crítica social mediante mundos futuros e imaginados con un desarrollo tecnológico imparable, sin embargo, fue Tarkovski y Stanley Kubrick los que introdujeron conceptos de mayor importancia humanista y dieron al espacio un significado trascendente y romántico.

Esta intruducción me parece imprescindible para comenzar a hablar de Hibernation, un cortometraje dirigido por el navarro Jon Mikel Caballero que se ha podido ver en el XIV Festival de Cine de Pamplona. La historia se centra en los momentos previos a la criogenización de un astronauta que va a realizar un viaje de 50 años. La encargada de llevar a cabo el proceso es otra astronauta enamorada de éste, que sabe que cuando vuelva las cosas serán muy diferentes. Lo que aparentemente es un enfado entre dos competidores amantes del descubrimiento se torna en una historia de amor que va a sufrir una separación demasiado larga. 

Los protagonistas, Adam Quintero y la siempre magistral  Manuela Vellés, dan una lección de cine al contarnos en muchos planos, mediante miradas y breves intercambios de palabras, la profunda relación que existe entre ellos. Son dos aventureros obligados a una frialdad impuesta y a rechazar sus sentimientos, especialmente en el caso de Vellés, en favor del avance de la ciencia. 

La dirección de Caballero es imprescindible para conseguir un efecto dramático de estas características que, acompañada por un buen guion coescrito con Eric Navarro, un montaje y una fotografía especialmente cuidada, hace que nos sumerjamos en una atmósfera en la que reinan dos principios humanos, el amor y el ansia de obtener conocimiento. Es en este segundo punto donde la historia de Hibernation nos recuerda al 2001 de Kubrick. El espacio se convierte en un escenario para el pensamiento que provoca la separación de los citados principios. Por un lado, representa la solución a las grandes preguntas de los seres humanos, pero, por el otro, obliga a dejar e incluso perder lo que ya conocemos y amamos de nuestro mundo. 
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