Crítica: Primer día del Festival de Cine de Pamplona


El Festival de Cine de Pamplona inauguró ayer las primeras proyecciones de la sección Alternatif con un doble programa de cortometrajes. La calidad de las obras presentadas fue extraordinaria, tanto en el caso de las nacionales, entre las que sobresale la inmensa Walkie Talkie, de la que hablaremos en breve, como en la internacionales, donde se pudo ver una selección de obras que nos acercaron un poco más al pensamiento y al cine por el que están apostando diferentes países.


CRÍTICA ALTERNATIF NACIONAL

La sección nacional abrió la tarde, a las 20.00 horas, con Krise, de Juan Ayanz. Una distopía patria con una magnífica realización y que, en palabras de su director, tiene el objetivo de "mover conciencias". A continuación se pudo ver Y la muerte lo seguía, un maridaje de terror y western realizado por Ángel Gómez Fernández, que partiendo de una historia clásica de venganza se convertía en una notable renovación del género, con una brillante fotografía. La comedia con tintes políticos y sociales llegó de la mano de dos soldados imperiales de la Estrella de la Muerte en Love Wars, de Vicente Bonet. Un diálogo acerca de las hipocresías y represiones vividas en los últimos años mostraba las diferentes maneras de comportarse frente a la vida, todo ello con el inconfundible doblaje de Jordi Sánchez, guionista y actor premiado por la serie catalana Plats Bruts

Tras media hora de cortometrajes llegaba un filme duro y sin concesiones acerca de las lamentables consecuencias de la sobrecarga de trabajo en la sociedad moderna. Madito lunes, de Eva Lesmes, reproducía e intentaba comprender las razones que llevaban a una madre trabajadora a cometer una terrible imprudencia, que en ocasiones hemos escuchado en los informativos y que siempre provoca desánimo e ira. La obra cuenta con un guion muy bien estructurado y unos personajes que ofrecen a la situación una cotidianidad de la que sale muy beneficiado el filme. Sin embargo, como punto negativo, el tramo final peca en ocasiones de un exceso de morbo y se podrían haber evitado algunos planos finales. Al desasosiego de la película de Lesmes le siguió una historia social acerca de los problemas de integración de los inmigrantes por culpa del exceso de burocracia, contada desde un punto de vista original y cómico. Sub., de Jossie Malis Álvarez, conseguía aunar lo mejor de la crítica de aquella maravillosa película de Akira Kurosawa llamada Vivir y de la comedia satírica de Spike Jonze. 


Fue entonces cuando llegó la obra más relevante de la tarde. Walkie Talkie, de Rubén Pérez Barrena, dio una lección de cine como la que hace ocho años nos daba Greg McLean con Wolf CreekWalkie Talkie trabaja a la perfección la estética del género en un tiempo mucho más reducido y planteando un desenlace que recuerda a los creadores del nuevo cine de terror de los que habla Jason Zinoman en su conocido libro, Sesión sangrienta. La atmósfera que habíamos conocido en el cine de Tobe Hooper, Wes Craven o Rob Zombie cobra vida desde el primer segundo del cortometraje. Además, la dirección de fotografía y la interpretación del siempre excepcional Julián Villagrán (premiado en Vitoria y en Islantilla) ayudan a manternerla en los diferentes tiempos de la obra.

Sinceridad, de Andrea Casaseca, ayudó a descargar la tensión y la angustia de la maravillosa obra de Pérez Barrena. Buenas interpretaciones en una comedia irónica y de corte clásico protagonizada por Kiti Mánver. El humor también fue el ingrediente del último de los cortometrajes. Juliana, de Jana Herreros, supuso una de las grandes sorpresas de la tarde. Apoyándose mucho en las interpretaciones de un reparto de magníficas actrices (Selica Torcal, Carmen Ruiz, Rosario Pardo y Goizalde Nuñez, entre otras) embriagó de humor un tema como la vejez y el egoísmo del sistema actual. En algunos momentos, Juliana puede resultar edulcorada en exceso, pero tampoco vienen nada mal un cine al estilo Jean Becker para cerrar la tarde.

CRÍTICA ALTERNATIF INTERNACIONAL

Después de ocho cortometrajes como los descritos parecía complicado superar el nivel en la sección internacional, pero lo imposible sucedió y pudimos disfrutar de una soberbia selección de historias. A las 22.30 horas arrancó, tras la presentación de Dimas Lasterra, la francesa Anna et Jérôme. Tierna pero sin exceso de azúcar, Melanie Delloye muestra una mini-road movie en la que una madre separada y su hijo pasan, como dos fugitivos, un día juntos. Sin duda, no podemos hablar de Anna et Jérôme sin alabar la interpretación del pequeño, cuya actuación no tiene nada que envidiar a la de los grandes artistas de método. Argentina, por su parte, apostó por el humor para describir un equipo de fútbol dominado por la superstición y que teme que no poder contar con su perrita de la suerte, llamada Lila, en la final de un torneo implique una derrota segura. La comedia de Sebastián Dietsch es fiel reflejo de un tipo de cine que se lleva un tiempo haciendo en este país latinoamericano, con mayor pretensión comercial, y que viene muy influido por algunos éxitos franceses.


Al igual que en el caso de las obras nacionales, hubo un momento en esta sección en el que una obra destacó por encima de las demás. La estadounidense Chilly, de Dylan Kholer, en la que se mezcla animación e imagen real, cuenta, mediante una conversación entre un hombres desesperado y un cubito de hielo, un descenso a los infiernos provocado por los celos. No quiero decir mucho más por miedo a desentrañar alguno de los misterios de la obra, simplemente es de justicia alabar el guion escrito por el propio Kohler. Suiza aportó otro de los filmes más destacables del día, Buumes, de Martin Guggisberg. Personalmente, a pesar de que no tiene demasiado que ver en su historia, Buumes me recuerda a El perfecto anfitrión, dirigida por Nick Tomnay y que también fue un cortometraje en un primer momento. Ambas plantean curiosas paradojas en las que un aparente ser normal, educado y amigable se convierte en un desequilibrado que, sin ser un asesino psicótico, resulta realmente molesto.


La polaca Zar, de Bartosz Kruhlik, no es una película fácil de digerir y es especialmente polémica si conocemos el momento político que vive actualmente el país. Sin embargo, la obra tiene lo mejor de filmes como Defensa o La última cada a la izquierda, y plantea honestamente al espectador una dura situación sin clichés, ni tópicos, gracias a una ambigüedad más cercana a la representación del mal que a la tesis política. Por otra parte, el encuentro de un niño brasileño con Así hablo Zaratustra, de Friedrich Nietzsche, hace que se provoque un reflejo entre las tesis del filósofo y las del país en Meu amigo Nietzsche

La breve Shame and glasses, del italiano Alessandro Riconda, protagonizada por niños, cerró la primera noche del Festival de Cine de Pamplona. Asimismo, en Civivoz Iturrama se pudo ver la canadiense De noche ellas bailan, de Isabelle Lavigne y Stéphane Thibault, y en Accefest, El mercader de Venecia, del director de 1984 y El cartero y Pablo Neruda, Michael Radford.

CRÍTICAS Y CRÓNICAS DEL FESTIVAL DE CINE DE PAMPLONA 2013:



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