Crónica de la Fiesta del Cine y crítica de 'El médico alemán'


La Fiesta del Cine finalizó ayer con unos datos inmejorables (1.513.958 espectadores). Tres días de largas colas en las taquillas de las salas que, por cierto, presentan en estos momentos una cartelera excelente. A pesar de algunos problemas para conseguir entradas y pequeñas aglomeraciones solo se pueden decir cosas positivas de esta iniciativa, que permitió a los espectadores ver grandes títulos por 2.90 euros. Como mínimo, espero que esta experiencia haya demostrado a aquellos que en ocasiones no se acercan a la gran pantalla que no hay nada como ver una buena película en todo su esplendor.

Mi elección para esta Fiesta del Cine fue El médico alemán (Wakolda), presentada recientemente en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y seleccionada en Un Certain Regard del Festival de Cannes. La película narra la relación de una familia con un misterioso médico inmigrante de tierras germanas. A pesar de que en principio el padre siente un cierto recelo hacia él, la posibilidad de obtener financiación para montar su propia empresa hace que acabe otorgándole su confianza. Sin embargo, lo que todos desconocen es que en realidad el médico es el nazi Josef Mengele, que intenta huir de un servicio secreto israelí a punto de capturar a Adolf Eichmann.


Sin caer en convencionalismo y tópicos vistos miles de veces en cine de la Segunda Guerra Mundial, la película de Lucia Puenzo establece un debate acerca de la búsqueda de la perfección humana que existe en el interior de los seres humanos. De esta forma, genera tensión en lugar de morbo y trabaja la relación de Mengele con cada uno de los personajes. Con el padre establece una profunda discusión acerca de los límites de la ciencia; con la hija, una enfermiza admiración similar a la que un científico podría sentir por un conejillo de indias al que ve evolucionar; y con la madre, un turbio interés basado principalmente en conseguir que los dos gemelos de los que está embaraza se conviertan en sujetos de su experimentación. 

Además, la relación de los menores de la familia en el colegio permite descubrir como es la propia escuela la que marca cánones, que el acoso escolar no es otra cosa que la imposición de una forma de ser estandarizada y que los antiguos centros de educación del nazismo no son tan fáciles de esconder. A la propia historia y al genial trabajo de Lucia Puenzo hay que unir otros dos puntos fuertes, la música y las interpretaciones protagonistas. Àlex Brendemühl humaniza a Mengele, pero no convirtiéndolo en una buena persona sino despojándolo de mitificaciones y caricaturas que impiden conocer realmente la raíz del mal. La niña, Florencia Bado, por su parte, es la pieza angular de la película, el punto clave que une y que separa a los dos protagonistas, Megele y su padre, que encarna el argenino Diego Peretti. 


Peretti nunca decepciona, pero en esta ocasión su tranquilidad, su rabia contenida y su explosión final hace que sea la perfecta imagen de un padre que debe defender sus creencias mientras pone en orden los dilemas que le crea el nuevo médico. A su vez, la madre, Natalia Oreiro interpreta una madre serena y preocupada que hasido criada junto a aquellos que levantaban el brazo y que poco a poco es tramposamente engatusada por los modernos y experimentales métodos descubiertos durante la barbarie nazi.
Share on Google Plus

About Diario La Camara

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.
    Blogger Comment
    Facebook Comment

0 comentarios :

Publicar un comentario