Crónica y crítica: Presentación de 'Joven y bonita', François Ozon


François Ozon ha explorado en sus películas una parte del ser humano alejada del superficial análisis actual que se hace de las personas. Su objetivo no fue juzgar a la pareja de Cinco veces dos, ni a la escritora en busca de sí misma de Swimming pool, y tampoco lo es ahora en su última obra maestra titulada Joven y bonita, que se pudo ver dentro de la Selección Oficial del Festival de Cannes, ganó el Premio TVE-Otra Mirada del Festival Internacional de Cine de San Sebastián y fue presentada por el director de este certamen, José Luis Rebordinos, en los cines Golem Baiona de Pamplona.

La sala repleta acogió a un Rebordinos absolutamente enamorado con la modelo y actriz Marine Vacth, que da vida a Isabelle, la protagonista del filme. El director de una de las principales muestras cinematográficas de Europa defendió que esta película le gusta incluso más que En la casa, premiada con la Concha de Oro el año pasado y a la que también dedicó numerosos halagos. En su exposición, Rebordinos destacó, sin dar demasiadas pistas, una secuencia del filme, la  última, en la que aparece la magnífica Charlotte Rampling y que ofrece un diálogo sobre la belleza, el paso del tiempo y el amor del que tampoco yo quiero desvelar demasiado.

Joven y Bonita comienza con la mirada de un niño puesta sobre el cuerpo de su hermana, en parte toda la obra nos va a hablar de las diferentes miradas puestas sobre ese mismo cuerpo, para luego centrarse en la protagonista en sí. Tiene 17 años, es verano, la primera estación de la película y en la que va a perder la virginidad con un guapo pero no demasiado espabilado amigo de vacaciones. A su vuelta a la ciudad, Isabelle va descubriendo poco a poco el poder que ella tiene sobre los hombres, las formas en las que es observada y el papel que quiere jugar en su desarrollo interior.

Como he adelantado, Ozon no es moralista, no pretende hacer un juicio de la prostitución, tampoco es Cronenberg, por lo que su análisis del sexo no es un estudio piscoanalítico y de herencia freudiana, Ozon es fundamentalmente un observador de aquello que ocurre en el interior de las personas. El director francés tiene ciertos aspectos en común con el italiano Bernardo Bertolucci, ambos permiten que sus personajes conozcan e interactúen con la contaminación social existente en sus ciudades, pero no les deja ser directamente contaminados. Lo que ellos mismos pueden expresar siempre es más importante que los tabús que se les pueda imponer.

Al igual que aquel viaje reflexivo y analítico que Alexander Sokurov realizó en Elegy of a voyage, Isabelle mira a la sociedad e intenta aprender de ella, pero sabe que en el fondo de muchas personas existe un vacío que no va a permitir que se reproduzca en ella.
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