Una maleta descansa en el arcén de una carretera


Una maleta descansa en el arcén de una carretera. Ese es el último plano de Henry, retrato de un asesino. No hay más explicaciones, no sabemos qué será de él, ni las razones de sus actos. Si obviamos la secuela, prácticamente nuestro conocimiento del personaje de Michael Rooker es nulo. De acuerdo, hemos visto lo que ha hecho a lo largo de los 90 agobiantes y magistrales minutos del filme, pero sus actos son mostrados a modo documental, sin nadie que los juzgue, sin moral. Así es, el mayor psycho-killer que ha dado el cine no es castigado y la única pista que podríamos compartir con la policía es dónde se encuentra su última víctima.

Este no es un artículo dedicado a la obra maestra de John McNaughton, sino a la representación de los actos. En el cine denominado más comercial, no dejo de echar de menos escenas como la de la maleta de Henry. Sin discursos aclaratorios, sin una gran parafernalia para dejar tranquilo al espectador. Estamos en una época de depresión, de robo de derechos, de pérdida de valores... ¡El espectador no debe estar tranquilo! La sociedad española se está acostumbrando demasiado a aceptar todo sin rechistar. Como mucho acuden a un par de manifestaciones y poco más. Es cierto que algunos colectivos, tras los inaceptables recortes del Gobierno de Mariano Rajoy, han hecho grandes movilizaciones, algunas de ellas exitosas, que han conseguido que las medidas se tengan que eliminar de la sádica agenda del Ejecutivo.

Aún y todo, noto poca crítica en el ambiente. Hay un poco de cabreo, pero no pasa de una conversación de bar. La gente sigue aceptando que los clubs de fútbol se rían de nuestro país a la cara, defienden que la 'Roja' acuda a lavar la imagen de un dictador y regalan su tiempo a la telebasura. ¿Se han dado cuenta de que a mayor número tertulias, peor es la calidad de los tertulianos? Con poner un par de tuits que provoquen algo de revuelo, ya te puedes sentar junto a otros siete iletrados a arreglar el mundo delante de las cámaras. ¿Y los intelectuales, los artistas, los creadores? No les llaman, sus discursos son largos y profundos, y en las tertulias quieren superficialidad y rapidez. Así que los que podrían arreglar la situación se quedan con sus libros, sus películas y su arte. Libros que ya nadie lee (¿Cómo los van a leer si ya están los best sellers empalagosos de vampiros?), películas que a veces ni llegan a la cartelera y arte, bueno, para qué vamos a hablar de arte... Lo dicho, si seguimos alimentando el circo, nosotros seremos los payasos.
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