COLABORACIÓN: Otra vez Lampedusa


Otra vez Lampedusa
por Jaime Aznar*

Las últimas y más vergonzosas imágenes de Lampedusa, viene a sumarse a un goteo incesante de malos tratos, vejaciones y falta de escrúpulos que nos hacen retroceder en el tiempo. Parece que una peligrosa mutación se está adueñando de nuestro continente.

Entre los partidos de extrema derecha que ocupan carteras, las deportaciones de minorías en Francia e Italia, el terrorismo neonazi encubierto en Alemania y ese indisimulado desprecio por los inmigrantes, ya sea con cuchillas en España o con humillantes prácticas higiénicas en Italia, diríase que Europa ha olvidado por completo los horrores vividos entre 1939 y 1945. Ya no se trata de una simple cuestión de memoria sino de voluntad. Existe una creciente violación de los Derechos Humanos en el primer mundo y no podemos ocultarlo por más tiempo.

La opinión pública debe volver a ser el indomable contrafuerte, pero se haya sumergida en una profunda desmoralización. Los problemas cotidianos son demasiado pesados como para pedir una vigilancia constante. En efecto, focalizando inevitablemente nuestros esfuerzos en salir adelante, en llegar a fin de mes o al final del día, perdemos la visión de conjunto. Es ahí donde las prácticas más inmorales están encontrando la brecha que les permite institucionalizarse sigilosamente. Por fortuna no estamos solos y de cuando en cuando los titulares de prensa logran ampliar nuestros horizontes.

Una tarea debe ahora concentrar los esfuerzos de los europeos, a nivel personal, colectivo e institucional. La Unión Europea debe volver urgentemente a la senda de la dignidad, al reconocimiento del "otro" como sujeto de los mismos derechos que nosotros. No permitamos que la crisis económica se convierta en coartada sistemática de la injusticia a todos los niveles. No puede haber más hoja de ruta que la Declaración Universal de los Derechos Humanos, no podemos convertir al débil en víctima propiciatoria, pero sobre todas las cosas, no podemos revivir escenas que parecen sacadas de La Lista de Schindler.

Espero y deseo que en las próximas elecciones europeas, los partidos y sus programas se comprometan eficazmente en la erradicación de estos bochornosos comportamientos. Una Europa fuerte no puede ser incompatible con una Europa justa, antes bien, la honorabilidad de nuestros actos son la medida de la auténtica fortaleza.
*Doctorando en Historia
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