Un viaje con el tío Boonmee


Las películas más destacadas (2000-2013)
'Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas'

En ocasiones la actualidad cinematográfica no se encuentra en los últimos estrenos del mes sino en las obras más destacadas de la década. Me explico, la distribución de algunos realizadores no tiene una correspondencia directa con el interés que han despertado en nuestro continente, lo que hace que sus grandes hitos en Europa no sean sus obras más recientes, sino las últimas que consiguieron llegar a los espectadores. Si bien es cierto que gracias a Cannes, Berlín, San Sebastián o Venecia se proyectan miles de filmes en países europeos, la mayor parte del público no puede acceder a ellos a pesar de haber sido premiados en estos mismos certámenes.

En un momento de superficialidad, de desánimo, en el que los sueños son tan efímeros como los argumentos de nuestros líderes y la magia es darle patadas con cierta gracia a un balón, es importante volver a poner de relieve a los artistas, creadores y autores que realmente han profundizado en el pensamiento humano. En esta ocasión voy a hablar de Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas (Loong Boonmee raleuk chat), dirigida por Apichatpong Weerasethakul y ganadora de la Palma de Oro en Cannes 2010. 

A pesar de la larga lista de premios que acumula el autor, su presencia sigue siendo muy reducida en nuestro país. Recuerdo que en un viaje reciente a otra nación europea encontré, en bares y restaurantes, numerosos carteles y referencias a los últimos filmes de Alexandr Sokurov, sin embargo, en España, Fausto duró a penas una semana en cartelera. Tras este paréntesis, volvamos a la obra tailandesa que nos ocupa. La historia se centra en los últimos días de Boonmee, un hombre enfermo que decide apartarse a una casa en plena selva, donde será visitado por su esposa fallecida y su hijo convertido en una criatura.

La película desarrolla varias reflexiones de forma paralela, además de ser complementada por otras obras anteriores en las que no voy a entrar ahora. De todas esas reflexiones creo conveniente destacar dos. Por un lado, el viaje espiritual del ser humano, la frontera entre lo deseado y lo real. El realizador tailandés comienza hipnotizándonos con un búfalo huyendo al interior de la selva y acto seguido nos trasporta al retiro de un enfermo terminal. Las transiciones entre las diferentes historias que presenta Apichatpong Weerasethakul no están determinadas por lo que hoy consideramos un modelo narrativo tradicional, pero no se produce una ruptura debido al estado en el que el espectador se encuentra dentro de la propia obra. La muerte deja de plantearse como el fin de la vida y se convierte en un retorno al lugar donde comenzó.

En segundo lugar, existe otra reflexión centrada en la forma y las muertes del cine. Apichatpong Weerasethakul vuelve en numerosas ocasiones a los modelos más tradicionales del cine de su país, utilizando diferentes estilos de grabación e intercalando géneros. Así, el realizador hace un viaje paralelo al del protagonista de su película, trasportando al cine también a sus vidas pasadas y dejando que la obra crezca sin imponerse etiquetas.
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