REPORTAJE ESPECIAL: '12 años de esclavitud', la gran favorita


Ayer conocimos las nominaciones a los premios Bafta, donde podemos encontrar dos claras favoritas: Gravity, de Alfonso Cuarón, y 12 años de esclavitud, de Steve McQueen. Ambas comparten nominación a mejor película con La gran estafa americana, Capitán Phillips y Philomena. Desde Diario La Cámara queremos ir desvelando poco a poco los secretos mejor guardados de las películas más importantes del año. En esta ocasión nos vamos a centrar en 12 años de esclavitud. A partir de la notas de producción del filme de McQueen, hoy descubrimos el proceso que llevó desarrollar el guion de una de las grandes obras de que se pueden ver en nuestros cines.

Las favoritas de los Bafta
'12 años de esclavitud'

Para crear esa sensación de inmediatez y relevancia en la pantalla, McQueen formó equipo con el novelista y guionista John Ridley, que enseguida se sintió atraído por lo que vio no solo como una audaz crónica de unas circunstancias inhumanas sino como una historia firmemente asentada en la imperecedera tradición de la odisea: un viaje largo y transcendental lleno de reveses de la fortuna, pero centrado en el empeño de un hombre en regresar junto a sus seres queridos. 

«Siempre he visto la historia como la larga odisea de un hombre hasta su hogar. Hoy, cualquiera puede meterse en un avión de Nueva York a Luisiana y volver. Pero cuando piensas en esa época y en alguien que intenta volver a casa (y no solo volver a casa, sino también recuperar sus derechos y su dignidad humana), la distancia física y emocional es increíble. Ésta es la historia de un viaje inmenso, en el que Solomon Northup comprende de verdad lo que muchos de nosotros damos por sentado: el privilegio de ser un ciudadano libre», explica Ridley. Aunque al historia está ambientada en otro siglo, para el guionista estadounidense estaba muy viva. «Las grandes historias son siempre inmediatas», afirma. «Solomon es un personaje fascinante tanto ahora como entonces». 

Ridley y McQueen empezaron sumergiéndose en el trabajo de documentación. Exploraron el engranaje de un sistema esclavista que anticipaba, en muchos sentidos, la economía global que con el tiempo desarrollaría otra infraestructura inmensa y brutal. Investigaron la economía del algodón, transformada cuando Eli Whitney inventó la desmotadora o máquina para desgranar el algodón, un avance que permitió la producción en masa y de hecho convirtió la esclavitud en el eje de la economía sureña. Observaron el elevado grado en que la mano de obra esclava contribuyó a crear riqueza en los Estados Unidos. Y aprendieron que las plantaciones de esclavos se volvieron cada vez más violentas y represivas, que hubo familias rotas y destruidas por mantener esa práctica, esa abyecta inmoralidad que dividió al país y quedó profundamente arraigada en su psique. 

«Descubrimos muchísimas cosas sobre el sistema esclavista», recuerda Ridley. «Cuando ahora pensamos en la esclavitud, siglos después, nos quedamos con una sola cosa: que había negros trabajando en el campo y poco más. Pero cuando hay un sistema que suprime la voluntad, que está pensado para deshumanizar, tiende a hacerse cada vez más complejo. A los blancos se les vendieron cuentos que explicaban por qué los negros debían ser esclavos, por qué eran inferiores y por qué sus derechos no debían importar a nadie. Y esto creció a un ritmo exponencial de año en año». No cabía apartar la mirada de todo lo que Northup sufrió física y espiritualmente, aunque Ridley afirma que el motor de la historia acabó siendo el hecho de que la esperanza siempre se abre paso ante las dificultades. 

«Lo más fácil con una historia como ésta sería distanciarse, dar la espalda a lo que ocurrió», reconoce. «Pero lo más estimulante para nosotros es ver de dónde venimos y saber adónde hemos llegado y lo que hemos hecho como nación. Creo que eso nos da esperanza de cara al futuro. Para mí, esta película habla de la esperanza, de no rendirse y de creer siempre que puedes salir adelante. Ésta es la verdad de esta historia para Solomon como individuo y para todos nosotros como país.» 
Ridley confía en que la película impida que la gente olvide un pasado que considera que debe ser integrado en cualquier visión del futuro de los Estados Unidos. «En cierto modo, es perverso que la lectura de este libro no se incluya en la educación de los niños. A Steve y a mí nos gustaría pensar que somos dos individuos cultos, pero llegamos a este libro sin haber oído hablar de él. Espero que, después de que salga la película, nadie más llegue a esta historia sin haber oído hablar de ella».
El destino de este proyecto recibió un empujón muy temprano cuando se embarcaron en él Brad Pitt y su productora Plan B. «Sin Brad Pitt, esta película no se habría hecho», sentencia McQueen. «Aportó muchísimo como productor, porque es muy positivo, directo y atento con los cineastas. Y, como actor, aunque tenga un papel menor, puede hacer más en unos minutos en pantalla de lo que la mayoría podría llegar a hacer nunca. Estoy muy agradecido a él, a Dede Gardner y a Plan B». Según la productora Dede Gardner, la compañía estaba encantada de adentrarse en un territorio cinematográfico nuevo. «Nunca ha habido una película generalista como ésta que abarque el tiempo suficiente como para transmitir el verdadero papel del esclavismo como fuente primordial del comercio sureño durante décadas», señala. «El libro despliega una historia extraordinaria y profundamente conmovedora y nos da una perspectiva real de cómo era la esclavitud en el día a día y de sus implicaciones a muchos niveles distintos». 

Bill Pohlad, de River Road, añade: «La imagen que muchos tenemos de la esclavitud es un tanto unidimensional. Pero esta historia le da una textura personal que verdaderamente te permite conocerla de una forma muy distinta. Y a esto hay que añadir la voz de Steve, que es algo especial y asombroso. Convierte la experiencia en íntima, y eso es lo que la hace tan intensa». Los productores querían que la película se hiciera tal y como McQueen la visualizaba. «Llegamos a este proyecto porque creíamos mucho en él», afirma Gardner. «Si te apuntas a hacer una película con Steve McQueen, sabes que él no se andará con rodeos, y eso es algo que admiro mucho. El sistema esclavista era dañino y tremendamente violento. Resulta duro incluso hablar de él, pero era importante mostrarlo. Sabíamos que Steve quería ser profundamente sincero. Y creo que mostrar estas situaciones con veracidad demuestra un gran respeto hacia el público». 

Desde el primer momento, los productores vieron que McQueen tendría un enfoque muy específico. «Steve tuvo enseguida una visión muy clara de los elementos emocionales de la película», explica el productor Jeremy Kleiner. «Por ejemplo, quería situar al público de modo que comprendiera que el mero acto de escribir una carta podría costar la vida. Hoy en día tenemos hasta correo electrónico, pero en el mundo de Solomon, juntar el material necesario para escribir una sola carta entrañaba un riesgo muy alto. Comunicar eso era importante para Steve, y de ahí surgió la primera escena de la película». Para Kleiner, parte de la universalidad de la película es la forma en que revela muchas facetas distintas de la conducta humana. «Cada personaje con el que Solomon entra en contacto encarna una parte del espectro de la condición humana. La benevolencia. La confusión interna y la crueldad. Y el amor», concluye.
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