Amnistía Internacional denuncia la condena a muerte por blasfemia en Pakistán


Mohammad Asghar, que sufre una enfermedad mental, está condenado a muerte por haber escrito presuntamente unas cartas en las que afirmaba ser un profeta. Amnistía Internacional, organización muy activa contra la pena capital, ha exigido en un texto que se acabe con este castigo en Pakistán y en aquellos lugares del mundo donde todavía se mantiene. Hoy, en DIARIO LA CÁMARA, presentamos el artículo íntegro que Amnistía Internacional ha hecho llegar a medios y socios para conseguir abolir esta barbaridad.

Pakistán: Condenado a muerte por blasfemia. En el año 2000, Mohammad Asghar sufrió un ataque y le diagnosticaron esquizofrenia paranoide. Desde entonces ha sufrido frecuentes episodios delirantes. En 2010 fue detenido y condenado a muerte en Pakistán, acusado de haber enviado unas cartas afirmando ser un profeta. Sus abogados sostienen que nunca se ha probado que enviara las cartas por correo, ni siquiera que hubiera tenido intención de hacerlo. También afirman que el contenido original no era blasfemo y que el denunciante había añadido una línea blasfema durante el tiempo, más de un mes, que había estado en posesión de las cartas antes de entregárselas a la policía. Tras ser detenido, Mohammad Asghar intentó suicidarse.

Aunque pretenden proteger el islam y la sensibilidad religiosa de la mayoría musulmana, las leyes sobre la blasfemia de Pakistán han fomentado un clima de violencia por motivos religiosos, provocando la persecución tanto de minorías religiosas como de musulmanes. Estas leyes están vagamente formuladas y son aplicadas arbitrariamente. Se han dado casos de personas encarceladas por cargos de blasfemia que han muerto a manos de otros presos o de los guardias de la prisión. Incluso fuera de la cárcel, personas acusadas de blasfemia han muerto a manos de grupos parapoliciales.

El estado, tanto físico como psíquico, de Mohammad Asghar, de 69 años, es muy delicado, ya que no recibe el tratamiento adecuado para su enfermedad. Su condena a muerte está en fase de apelación y podría ser ejecutado simplemente por haber afirmado ser un profeta. Ni siquiera merece ser castigado. Nadie debe ser acusado judicialmente por este tipo de conducta.
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