COLABORACIÓN EN DIARIO LA CÁMARA: La eterna transición


COLABORACIÓN EN DIARIO LA  CÁMARA
La eterna transición
por Jaime Aznar*

Un nuevo capítulo está a punto de abrirse en la inestabilidad crónica que acosa a la política italiana. Nunca es buen momento para escenificar una crisis pero incluso cuando se tienen las riendas del poder, las rupturas se suceden como si de una vieja tradición se tratara.

Tras la elecciones de 2013 la candidatura de centro-izquierda logró ganar por un estrecho 0,4% de los votos a su rival directo Silvio Berlusconi. El Partido Democrático (PD) había formado una coalición llamada "Italia, Bien Común" y Pier Luigi Bersani era su cabeza visible, tanto por ser Secretario General del PD como por haber ganado unas primarias celebradas a finales de 2012. Pero fue el propio triunfo el que le apartaría del poder, al no conseguir que ninguno de sus candidatos fuera aceptado para presidir la República Italiana. Cesó en abril de 2013.Apagada la estrella política de Bersani, aparecerá en escena Enrico Letta. Elegido diputado del PD en las elecciones de 2013, es invitado por Giorgo Napolitano a formar gobierno el 28 de abril de ese mismo año, dando así el relevo definitivo a Mario Monti. 

Por otro lado quien había sido derrotado en las primarias de 2012 por Pier Luigi Bersani, Matteo Renzi, lograba dar la vuelta a su situación en apenas un año. Joven alcalde de Florencia obtendría la secretaría general del PD tras proceso de primarias en diciembre 2013. Desde ese momento y merced al incierto rumbo que estaba tomando la política nacional, el nuevo Secretario General del PD lanza un lento pero seguro pulso con el que precipitar la caída de su correligionario Enrico Letta, a tal punto que llega a presentar un programa alternativo de Gobierno y junto con la gran mayoría de la dirección nacional fuerzan su salida. En efecto, Enrico Letta presentó su dimisión como Primer Ministro el pasado 14 de febrero. Ahora Matteo Renzi cumplirá el sueño del que fue democráticamente apeado el 2 de diciembre de 2012, ya que Giorgo Napolitano le encomendará la tarea de formar un nuevo Gobierno.

Hasta aquí lo que todos conocemos, pero esta narración sería completa si no unimos el resto de los eslabones de la izquierda italiana. A partir del gran escándalo de Tangentopoli que en el año 1992 convulsionó las fuerzas políticas tradicionales, así como el declive del euro-comunismo tras la caída de la URSS, los referentes se disuelven sin un horizonte claro. El último secretario del centenario Partido Socialista Italiano, Ottavio del Turco, decide disolverlo a finales de 1994, ante la envenenada e inasumible herencia de Bettino Craxi. Varios son los intentos de reconstruir las siglas de este espacio político: Socialistas Italianos, Federación Laborista,... La fuerza más importante fue Demócratas de Izquierda, gracias a la convergencia de movimientos que procedían de la socialdemocracia, la refundación comunista, el reformismo y los socialcristianos. Formó parte de coaliciones como El Olivo en 1998 o La Unidad en 2005, hasta disolverse para formar lo que hoy conocemos como Partido Democrático (PD).

Está claro que la izquierda italiana del siglo XXI se forja a través de coaliciones, de grupos más o menos abiertos que tienen que unir fuerzas para ser una alternativa real. Por eso la estabilidad del centro-izquierda se hace más precaria, algo que también ocurre en la democracia cristiana, y debe ser exquisitamente cuidada. El baile Bersani - Letta - Renzi no hace sino poner en peligro este ilusionante proyecto, además de una mayoría de por sí precaria. Esta ya larga transición de fuerzas progresistas debe acabar, el PD tiene visos de mantenerse en el tiempo pero para ello es necesario un liderazgo exento de vendettas descorazonadoras.
*Doctorando en Historia
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