OPINIÓN: La política europea en Siria


OPINIÓN EN DIARIO LA CÁMARA

La política europea en Siria
por Jaime Aznar*

Una de las guerras civiles más sangrientas y vergonzantes que jamás hayan tenido lugar a orillas del Mediterráneo, acaba de cumplir tres años. Sin soluciones a la vista, la población siria seguirá atrapada en ese infierno que una vez fue su hogar.

Todo comenzó a principios de 2011 con las manifestaciones antigubernamentales en Deera, Homs o la propia Damasco, y la implacable represión que se cernió sobre ellas. Tras la estupefacción y el rechazo internacional, vinieron las reacciones. Bruselas nunca estuvo ociosa, antes bien, comenzó con las sanciones y embargos desde el mismo mes de mayo. Activos económicos, comercio de armas o abastecimiento de petróleo, fueron el blanco de las medidas que lanzaron los 28 durante el primer año de conflicto. Paralelamente la batalla diplomática se estrellaba contra el veto de Rusia y China, que se atrincheraban en el Consejo de Seguridad mientras el goteo de muertes, desplazamientos y atrocidades seguía su curso. En 2012 Europa siguió implementando su política sancionadora, pero sin llegar a influir en el curso de los acontecimientos. A finales de año Estados Unidos amenazaba con una intervención militar si Bashar al Assad empleaba armas químicas contra sus enemigos. Este fue el preludio de una decisión que puso a prueba las junturas de la UE. Durante 2013 se fue tejiendo una alianza en la que Francia se distinguió por mostrar su temprana adhesión a los planes de la Casa Blanca. A este gesto le siguieron  Reino Unido, Italia y España, y algo más tarde se sumaron países Alemania, Dinamarca o Hungría. Pero no todo fueron acuerdos, pues en junio de ese mismo año Ángela Merkel se negó a acceder a las presiones de Francia y Gran Bretaña para enviar armas a la oposición. 

La amenaza de la fuerza dio sus frutos en septiembre, cuando Siria aceptó deshacerse de su arsenal químico en el último momento. A partir de entonces se intensificaron los contactos a nivel político y se llegaron a celebrar dos conferencias multilaterales de paz, entre noviembre de 2013 y enero de 2014. El fracaso de estas cumbres deja la amarga sensación de estar sirviendo a una estrategia que no busca sino ganar tiempo. Nos encontramos en una situación análoga a la de 2012, con todos los medios diplomáticos activos y sin casi avances. Incluso asistimos el mes pasado a un nuevo acercamiento entre Hollande y Obama sobre Siria, hecho que vuelve a evidenciar la falta de consenso a nivel europeo y quizás, solo quizás, el diseño de una nueva respuesta militar al conflicto. Ahora ya no se trataría de aproximarse a ningún grupo rebelde determinado, sino de poner el foco exclusivamente sobre las víctimas del conflicto. Con ello se evitan  incómodas identificaciones con los elementos yihadistas que han ido ganando terreno entre la oposición al régimen.

¿Pero cuál ha sido la política de la UE hacia quienes padecen en primera persona los efectos de la guerra? Según parece nuestras declaraciones institucionales no se corresponden con auténticos gestos de solidaridad. En noviembre de 2013 ACNUR denunciaba la falta de cooperación de algunos estados europeos, concretamente Bulgaria, Grecia y Chipre, que acostumbraban a denegar peticiones de asilo a refugiados sirios. Según un reciente informe de Amnistía Internacional, la Unión tan solo se ha comprometido a acoger un 0.5% de los más de 2 millones de desplazados. Si además  examinamos las cifras reales de esta crisis humanitaria, nuestro papel se verá todavía más empequeñecido:  100.000 muertos (10.000 de ellos niños), 2,4 millones de desplazados fuera del país, 4 millones de refugiados en el interior,...  Vivimos en unos tiempos en los que la legalidad internacional se retuerce fácilmente, fronteras y derechos desaparecen mientras  asistimos a la más importante reorganización del mapa regional desde 1991. Solo la coerción puede rehabilitar los principios más elementales en ambos bandos, y solo un Estado legítimo surgido de la voluntad popular puede alumbrar el verdadero camino hacia la paz. Para lograrlo la Unión Europea debe impulsar una respuesta verdaderamente contundente que ponga fin a la devastación, pues no podemos permitir un cuarto o un quinto aniversario de esta atroz sangría.

*Doctorando en Historia
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