COLABORACIÓN: Alarma en Hungría


Alarma en Hungría
por Jaime Aznar*

En apenas dos legislaturas una oscura formación extraparlamentaria llamada Jobbik, se ha convertido en la tercera fuerza del país. Su discurso euroescéptico, ultranacionalista y antisemita está ganando adeptos entre una ciudadanía desencantada.

Las tensiones que vive la política húngara son el resultado de una deriva autoritaria del gobierno, que frente a la crisis actual solo ofrece nacionalismo. Vencedor en los comicios del pasado domingo, el partido FIDESZ se ha caracterizado por imponer polémicas reformas que no hacen sino degradar la vida democrática. La concentración de poder político y económico en manos del ejecutivo ha sido una constante en los últimos cuatro años. La reforma de la Ley Fundamental que se llevó a cabo en 2011 consagró legalmente la arbitrariedad del gobierno, lo que provocó una multitudinaria marea ciudadana en Budapest durante los primeros días de 2012. Entre los abusos más sonados encontramos el control político sobre los medios de comunicación, las restricciones para el libre acceso a la justicia y el cambio de la ley electoral para favorecer la reelección del primer ministro, cosa que naturalmente ha sucedido. Por otro lado la situación del país es tal que las minorías no tienen asegurados sus derechos, especialmente los romanís, cuya situación ha motivado la denuncia de organizaciones como Amnistía Internacional. Homosexuales y opositores también están en el punto de mira de las autoridades. ¿Cómo puede permitirse que un país miembro de la Unión Europea sea gobernado de esta manera? No olvidemos que el partido FIDESZ pertenece al PP europeo, haciendo del jefe del ejecutivo húngaro Viktor Obrán compañero de partido de Barroso o Merkel. 

Después de este rápido resumen, es fácil entender qué es lo que está pasando con la extrema derecha en aquel país. Si el propio gobierno predica y ejerce el radicalismo, es fácil que se creen las condiciones para el resurgir de ideologías que creíamos superadas. En efecto, Hungría se ha convertido en un país donde grupos paramilitares y agresiones racistas forman parte del paisaje político. Fundado en 2003 y Con un total de 23 escaños, Jobbik es la formación de moda. Su líder se llama Gabor Vona, un populista nato que promete mano dura con la "delincuencia" y la salida de la Unión Europea mediante la celebración de un referéndum. Además cuenta con una milicia llamada Guardia Húngara, antijudía y antigitana, que a pesar de haber sido disuelta legalmente en 2009 ha regresado a la vida nacional en forma de fundación cultural. Entre las hazañas de de la extrema derecha húngara podemos encontrar desde los graves disturbios ocurridos en la capital en 2008, a las marchas por zonas rurales para atacar gitanos en 2012. Es inevitable que esta mezcla de oratoria agresiva y uniformes militares nos recuerde  al Partido de la Cruz Flechada, versión húngara del nazismo que se hizo con el poder en 1944. 

La política económica dictada por la Troika está propiciando la desintegración moral del proyecto europeo. Por otro lado, la permisibilidad del centro-derecha hacia los movimientos extremistas les está revistiendo de cierta legitimidad, otorgándoles un falso aspecto democrático. Recordemos como liberales y democristianos formaron gobierno en Holanda con el PVV (de extrema derecha) entre los años 2010 y 2012. A todo ello debe añadirse la débil reacción oficial, la carencia de instrumentos legales apropiados y la falta de unidad entre los partidos democráticos... No cabe ninguna duda, el éxito de Jobbik se repetirá este 25 de mayo. 

*Doctorando en Historia
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