Colaboración: ¿Dentro o fuera?

 
¿Dentro o fuera?
por Jaime Aznar*

Las tensiones sociales y económicas de los últimos años, están propiciando virajes ideológicos que a todos nos incumben. Así el Partido Conservador británico se ha visto arrastrado al debate nacionalista de la mano de UKIP, tratando de fidelizar su electorado mediante una actitud hostil frente a la UE. Algunos enfocan esta cuestión desde un punto de vista ideológico, en parte acertado ya que el Partido Laborista se ha mantenido en posiciones europeístas. Pero quizás sea una cuestión más simple. Si nos paramos a pensar en los políticos que han influido en la política europea entre la Segunda Guerra Mundial y el estallido de la crisis, encontraremos muchos nombres anglosajones como Winston Churchill, Clement Attlee, Margaret Thatcher o Tony Blair. Sin importar el partido al que pertenecían, su pensamiento logró moldear aspectos clave de nuestras vidas, desde los pilares del Estado del Bienestar hasta la aparición del Capitalismo Popular. Parece pues que nos encontramos frente a una cuestión de liderazgo, débil en este caso, centrado fundamentalmente en el corto plazo y el rédito electoral. Es más, Cameron no actúa de forma muy distinta a la de Sarkozy en su último año de mandato, haciendo guiños a los eurófobos con tal de mantenerse en el gobierno.

Pero lo realmente perjudicial es que las indecisiones de Londres están retrasando la marcha de un conjunto de países sin tiempo que perder. Ahí fuera tenemos rivales muy fuertes que nos están desalojando de mercados tradicionales. América, África, Oriente Medio y Asia-Pacífico se han convertido en desafíos que debemos saber afrontar. Afortunadamente la derrota de la posición Británica en la UE el pasado 27 de junio, parece haber servido de advertencia. El líder opositor Ed Miliband lo dejó bien claro al interpelar a David Cameron en la Cámara de los Comunes: “Su partido puede pensar que esto representa un aislamiento espléndido. No lo es. Es una absoluta humillación”. Otro de los efectos negativos de este distanciamiento es la falta de contrapeso para equilibrar la balanza que Alemania parece haber hurtado a la Europa del sur. François Hollande se presentaba con una doble esperanza, la ideológica (centro-izquierda) y la práctica (luchar contra la austeridad). Sin embargo el sueño duró lo que tardó en forjarse su extraña amistad con Angela Merkel, haciendo incluso de parachoques contra socialdemócratas más osados como Matteo Renzi. En este contexto, el disparate de convocar un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, garantiza la malsana soledad del poder germano.

Hay otro Reino Unido, más cabal, que no obstante debe tomar una decisión definitiva. Somos conscientes de que aquella no es tierra de fervor europeo, pero nunca nos ha faltado su ayuda para construir un marco de justicia y libertad. Londres sigue siendo un centro económico de primer orden y el ejército británico uno de los más fuertes de Europa, siempre presente en misiones de envergadura. A estas alturas no puede cuestionarse la decisión tomada por Edward Heath en 1973 de incorporarse a la CEE. Los envites tienen que terminar, la maquinaria europea no puede hacer más paradas de las previstas si quiere llegar a la meta. Debemos actuar, avanzar y hacerlo los 28, en una misma dirección, para que el mundo cambiante que nos rodea no nos engulla. La pregunta es si David Cameron lo ha entendido definitivamente después de su aplastante soledad en Bruselas, o si continuará con sus maniobras hasta que el Reino Unido desenganche su vagón de la Historia.

*Doctorando en Historia
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