COLABORACIÓN: Memoria incompleta


COLABORACIÓN DIARIO LA CÁMARA

Memoria incompleta
por Jaime Aznar*
 
En las últimas semanas los actos conmemorativos de la Primera Guerra Mundial se han sucedido en gran parte del continente, reuniendo a un remarcable número de mandatarios europeos. Los discursos, aunque previsibles, no han sido por ello menos ciertos: los enemigos de ayer han logrado crear lazos de amistad e interdependencia que los aleja de posibles enfrentamientos.

Han pasado muchas cosas desde aquellos primeros cañonazos sobre territorio serbio y las consecuencias que originaron. Desde la Segunda Guerra Mundial hasta la Guerra Fría, pasando por el problema yugoslavo o las volátiles fronteras de Ucrania. Solo un detallado conocimiento del pasado nos ha permitido desmitificar aquellos prejuicios tendentes al odio y rechazo mutuos. Un ejemplo es el de Alemania, que de la celebérrima “puñalada por la espalda” en 1918 pasó a la vergüenza del Holocausto (Shoah en hebreo) en 1945, dejando al descubierto los verdaderos peligros del nacionalismo radical. Poder desmenuzar nuestro pasado sin apasionamientos, sin negacionismos, nos coloca frente a una realidad tan incómoda como imprescindible. No todas las historias han sido debidamente contadas, pues la vergüenza de algunos sucesos bloquean todavía el acceso a la verdad. Se comprobó con la estéril rumorología que circuló sobre la masacre de Katyn en 1940, el número de bajas del Ejército Rojo en Stalingrado entre 1942 y 1943, o el tamaño de los fusilamientos extrajudiciales sucedidos en Francia tras la caída del régimen de Vichy en el verano de 1944. No obstante, el pudor nunca debe ser pretexto para el ocultamiento o la mentira, antes bien, debe garantizar la estricta profesionalidad de la investigación.

Desgraciadamente la historia reciente de España se ha convertido en la gran excepción europea, ya que nos sigue costando acceder a nuestro pasado. ¿Cómo acercarnos a los estándares de otras naciones si el tabú sigue salpicando nuestra historia reciente? El problema no reside únicamente en la falta de interés, sino en la deliberada manipulación de hechos perfectamente contrastables. Los represaliados de la Guerra Civil y/o la dictadura se han convertido en todo un clásico, torpe y desgraciado, que no conduce sino a la pervivencia de prejuicios caducos. La primera evidencia que destaca al ver un mapa de fosas, es que la llamada Guerra de España fue una auténtica carnicería dónde la épica se ahogó en un mar sangre. Entorpecer o negar la labor científica en este campo no hace sino hurtarnos esta necesaria lección. Pero no contentos con la negación interior también hemos de sufrirla en el exterior. Casi nadie recuerda la participación española en la liberación de París y así, aquellos exiliados del pasado continúan siéndolo en el presente. ¿Por qué razón? Tampoco se explica convenientemente el papel de la División Azul al servicio de la causa hitleriana, siendo que  alguno de sus miembros acabó tomando parte en la imposible defensa de Berlín. 

 Solo superando esa memoria incompleta en la que seguimos sumergidos, ese miedo irracional al conocimiento que no es sino semilla de progreso, podremos reconciliarnos con nuestra Historia. Cuanto más profundamente enterremos las evidencias, mayor será su mitificación, y en consecuencia su alejamiento de la realidad. Si no queremos una utilización partidaria de unos hechos mal conocidos, hagamos que la verdad y nada más que la verdad afloren de una vez por todas. De este modo podremos llegar a la madurez reinante en Europa, como se demostró el pasado 3 de agosto cuando los presidentes de Francia y Alemania se reunieron en Alsacia para honrar a los muertos del pico Hartmannswillerkopf. ¡Merece la pena intentarlo!

*Doctorando en Historia
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