Diagnóstico: Ausencia de decencia


"Amigos míos, soy su Robin Hood moderno. Seguiremos robando a los pobres para dárselo a los ricos", exclama Marc Tourneuil ante los principales inversores de su banco antes de girarse, mirar directamente a los ojos del espectador y decirle: "Son unos niños. Unos niños grandes. Se divierten y continuarán divirtiéndose, divirtiéndose... Hasta que todo reviente". Fue enterarme de la decisión de no dimitir de Christine Lagarde y venirme a la cabeza la mirada cínica de Tourneuil en la gran obra El capital, de Constantin Costa-Gavras, una de las mejores películas del año 2012 (Incluida en la lista que realiza anualmente este diario).

En ella podemos encontrar un retrato honesto y acercado de la crisis actual, visto desde el ser humano con nombre y apellidos que con su acción provoca un terremoto de estas características. No es solo una persona la causante, no son supervillanos de cómic, son pequeñas mariposas que aletean juntas con el objetivo de desestabilizar nuestra sociedad y enriquecerse con el caos generado. Son adictos a una sustancia que les permite dominar y esclavizar. Su objetivo no es dejar su adicción, sino conseguir cada vez más y más, y la única forma de lograrlo es intoxicar al resto de ciudadanos convenciéndoles de que necesitan los productos superficiales que ellos venden.

Para derrotarles debemos demostrar que somos mejores que ellos, que la mayor parte de la sociedad no hace trampas, ni roba. Sin embargo, si sigue existiendo fraude, si seguimos en los récords de piratería del mundo, si no somos solidarios, con qué cara les vamos a denunciar. Seamos íntegros, ejemplares, para poder exigir lo mismo.
Miguel Suárez
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