Colaboración: El teorema de Valls


EL TEOREMA DE VALLS
Por Jaime Aznar*

Son incontables los análisis que han tratado de explicar la crisis de la socialdemocracia actual, su falta de respuestas frente a la crisis y su desorientación desde el fracaso de la Tercera Vía propuesta por Tony Blair. Desde la caída del Muro de Berlín, sino antes, la izquierda ha tratado de buscar acomodo en un escenario donde el liberalismo se imponía como gran vencedor. 

Tras el terremoto de Wall Street en 2007 el panorama sociopolítico varió repentinamente, dejando en fuera de juego a una concepción progresista poco exigente con el mercado. ¿Qué ha pasado? François Hollande se presentó como freno seguro a la austeridad, denunciando no solo la política de recortes sino el seguidismo de Sarkozy respecto de Merkel. Hoy sabemos que todo esto se ha quedado en papel mojado, fundamentalmente porque la banca francesa ha puesto gran cantidad de dinero en los rescates de los países del sur de la Eurozona, y desea recuperarlo. En otras palabras, las altas finanzas galas están interesadas en seguir practicando la austeridad. ¿Qué tiene que ver todo esto con Manuel Valls? Tras la disparatada polémica por el caso Depardieu, la fachada izquierdista del presidente francés se vino abajo, acuciado por las reformas que le exigían los órganos rectores de la Unión Europea. Como ya pasara en la España de Zapatero, en la Grecia de Papandreu o en el Portugal de Sócrates, las medidas aplicadas supusieron un fuerte desgaste para el gobierno. Para tratar de rectificar el rumbo Manuel Valls fue nombrado primer ministro en marzo de 2014, y aunque aquella parecía una apuesta de fuerza, la realidad se ha empeñado en desmentirlo. No solo le han restado aceptación popular, el PS quedó en tercera posición por detrás de UMP y FN en las Elecciones Europeas, sino que han suscitado una fuerte división en el seno de su partido. Ahora, en los momentos más bajos de popularidad, plantea una huída hacia delante en forma de giro semántico e ideológico.

El trágala de las políticas neoliberales que ya fueron denunciadas en la campaña del Partido de los Socialistas Europeos (en mayo pasado), no pueden ser la fuente de inspiración del socialismo democrático. Por otro lado, la austeridad no proviene en absoluto del corpus ideológico de los socialdemócratas sino de los populares, por lo que adoptar su programa acríticamente significaría la desaparición del centro-izquierda en favor de opciones más radicalizadas. Podemos aventurar que las disquisiciones teóricas sobre que "ismo" es más adecuado, se alejan bastante de los asuntos que preocupan a la sociedad. En Francia o cualquier otro punto del continente, lo que desean es que sus problemas cotidianos sean resueltos mediante la aplicación de dos premisas básicas: democracia y justicia. Pero el teorema de Valls propone una confusa revisión del reformismo europeo, suprimiendo incluso el término "socialista", para buscar un amparo teórico que justifique su dudosa gestión. 

En agosto de este año el gobierno que comandaba dimitió por estar en desacuerdo con los recortes, y en septiembre superó "por los pelos" una moción de confianza en la Asamblea Nacional. El riesgo de escisión política parece alejarse pero con la sociedad es inevitable, en especial con la clase media. Recordemos que sólo el rescate a PSA Peugeut-Citröen ha costado 18.000 millones de euros entre 2010 y 2013,  además de los 50.000 millones de gasto público recortados en primavera. ¿El hecho de que la crisis la paguen quienes no la han provocado, puede encontrar algún cobijo ideológico en la izquierda? Esa es la pregunta a la que Valls intenta responder.... Produce tristeza ver cómo nos enrocamos  en debates artificiosos y distraemos nuestra atención de lo que en verdad importa. El paro, el descenso en la calidad de vida, la demolición de los servicios públicos y la pobreza, son asuntos a los que no queremos dar una respuesta definitiva. 

Echo de menos los líderes del pasado, los que se echaban un país a la espalda y a pesar de las penalidades ofrecían lo mejor para sus ciudadanos. Fue el caso de Clement Attlee, un laborista decidido que asumió las riendas de una Gran Bretaña deprimida tras dos guerras mundiales casi consecutivas. Él rescató personas al crear en 1948 el Servicio Nacional de Salud, a pesar de haber contraído una fuerte deuda con los Estados Unidos para reconstruir su país. Por eso lo que necesita la socialdemocracia para resurgir no son más debates, sino gente que como Attlee esté dispuesta a hacer lo que es justo. 
*Doctorando en Historia
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