Andrey Zvyagintsev presenta 'Leviatán'


Declaración de intenciones
por Andrey Zvyagintsev*

Cuando un hombre se enfrenta a su propia angustia ante la necesidad y la incertidumbre, cuando las imágenes borrosas del mañana le abruman, cuando teme por los suyos, cuando tiene miedo de la muerte que acecha, ¿qué otra cosa puede hacer, sino renunciar a la libertad y a su propia voluntad, y transferir, de motu propio, estos tesoros a una persona en la que cree confiar a cambio de engañosas garantías de seguridad, protección social, e incluso de una ilusoria comunidad? 

La mirada que lanza Thomas Hobbes sobre el Estado es la de un filósofo sobre el contrato concluido por el hombre con el diablo: lo ve como a un monstruo engendrado por el hombre para evitar la guerra de “todos contra todos” y por el deseo perfectamente comprensible de conseguir la seguridad a cambio de la libertad, su único bien auténtico. Del mismo modo que todos, al nacer, estamos marcados por el pecado original, todos nacemos en un “Estado” cuyo poder espiritual sobre el hombre no conoce límites. La laboriosa alianza entre el Hombre y el Estado es un tema central en la vida de Rusia desde hace tiempo. Pero si mi película está anclada en tierras rusas, se debe únicamente al hecho de que no siento ningún parentesco, ninguna conexión genética con otra cosa. 

Sin embargo, estoy convencido de que sea cual sea la sociedad en la que vive cada uno de nosotros, desde la más desarrollada a la más arcaica, llegará el día en que todos deberemos enfrentarnos a la alternativa de vivir como esclavos o como hombres libres. Y si pensamos ingenuamente que debe existir un tipo de régimen estatal que nos libere de esta elección, no podemos estar más equivocados. En la vida de todo hombre llega un momento decisivo en el que se encuentra frente al sistema, al “mundo”, y en el que debe defender su sentido de la justicia, su sentido de Dios en la tierra. Ahora bien, ya que todavía es posible plantear estas preguntas al espectador y encontrar un héroe trágico en estos parajes, un “hijo de Dios”, un personaje que siempre ha sufrido, siento que mi patria aún no está perdida para mí ni para todos los que han hecho la película.

Andrey Zvyagintsev terminó sus estudios en la Escuela de Actores de Novosibirsk en 1984. Trabajó como actor en teatros de provincias y en varias series de televisión hasta que la productora independiente REN TV le contrató para dirigir varios episodios de la serie “El cuarto oscuro”. Su primera película, El regreso (2003), fue un gran éxito y ganó, entre otros, el León de Oro y el Premio Luigi de Laurentis a la Mejor Ópera Prima en el Festival Internacional de Cine de Venecia, el Premio Fassbinder a la Mejor Película Revelación del Cine Europeo y el Premio Especial del Jurado en el Festival de Gijón. Su segunda película, Izgnanie (El destierro, 2007), participó en el Festival Internacional de Cine de Cannes, donde el protagonista, Konstantin Lavronenko, obtuvo el Premio al Mejor Actor. En 2011 presentó Elena en la Sección Una Cierta Mirada del Festival de Cannes, donde ganó el Premio Especial del Jurado. En abril de 2012 fue galardonado con un Nika (el equivalente al Goya en Rusia) al Mejor Director. En 2014 ganó, junto a Oleg Neguin, el Premio del Festival de Cannes al Mejor Guion por Leviatán. El presente artículo ha sido publicado a partir del texto distribuido por Golem.
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