La política como espectáculo televisivo


Cada vez es más complicado encontrar pensadores sosegados y dialogantes entre las autoridades que toman las principales decisiones de nuestro tiempo. Los nombramientos actuales tienen mucho más que ver con la actitud histérica gestada en las tertulias televisivas que con el debate y el posterior acuerdo político como base para servir al ciudadano. 

El nombramiento de Pablo Casado como portavoz de campaña del Partido Popular es un ejemplo más de dirigente salido de las tertulias, donde sus protagonistas se empeñan en posicionarse por encima de su adversario a cualquier precio. No son espacios de discusión. Nadie se escucha en ellas. Los tertulianos solo están preocupados en chillar para ofrecer espectáculo a la audiencia. 

Aún y todo, esto no es algo extraño, la televisión siempre ha sido un medio superficial. Lo que sí podemos considerar nuevo es el hecho de que, con el ascenso de los tertulianos a la primera línea política, la caja tonta haya conseguido infectar las herramientas de la gestión pública con esa misma superficialidad. 

Frente a la reflexión, se ha generado una maquinaria en favor de un entretenimiento vacío, que se ha ido adueñando de todo el tiempo de ocio. Se ha estimulado un medio que suprime el razonamiento y se ha marginado a los que defendían un pensamiento crítico y libre, propio de una sociedad madura. Si nos gobiernan un grupo de tertulianos, los ciudadanos pasarán a un segundo plano, serán meros espectadores, y ellos seguirán divirtiéndose como si continuaran en un plató de televisión.
Miguel Suárez
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