'Nightcrawler': Traficantes de la televisión


Lou Bloom es un joven solitario, sin trabajo, que roba de forma habitual y es despreciado incluso por aquellos que le compran la mercancía robada. Al ser testigo de cómo una pareja de reporteros graba un accidente de coche cambia su vida. Se da cuenta de que el morbo, vender la dignidad de las personas a una audiencia sedienta de sangre, es un material que se paga muy bien. Jake Gyllenhaal aprovecha un excelente guion de Dan Gilroy y juntos crean una obra crítica y necesaria.

La televisión no ha sido nunca un medio que ofrezca grandes conocimientos a sus espectadores. Sin embargo, es en nuestros días cuando ha alcanzado los niveles más altos de bazofia. Como sucede en Nightcrawler, los informativos son sólo una escusa para alimentar los instintos más bajos de su audiencia. En ese mundo, Bloom es un traficante aplicado que entrega a diario la droga que pide el público.

Bloom aprende rápido, especialmente lo malo. De esta forma, pasa de desempleado a empresario explotador, instruido gracias a la información de internet, donde existen muchos datos pero falta humanidad para comprenderlos. Mover el cadáver de un accidente con el objetivo de conseguir un plano mejor solo es el principio de una larga lista de malas prácticas para obtener la imagen perfecta. No hay límite, sabe cómo funciona el medio: Las mentiras violentas convierten a los mentirosos en reyes de la actualidad.

Los programas de la caja tonta, en pleno éxtasis sensacionalista, han conseguido colarse en las instituciones más relevantes de nuestro país. Una parte importante de los nuevos líderes políticos ya no son pensadores sosegados, son tertulianos cotillas y gritones; las entrevistas no buscan explicar, dialogar e intentar entender el presente, sino ridiculizar al entrevistado y cebar el ego del entrevistador; se ha permitido que el deporte mueva unas cifras astronómicas de sueldos que elevan a jugadores de fútbol a la categoría de genios, a la vez que los clubs juguetean a no pagar impuestos y se ríen en la cara de todos los que aplauden a sus equipos de millonarios. En definitiva, el discurso de Ron Perlman durante el desenlace de La última cena, de Stacy Title, ya es una realidad.

Miguel Suárez
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