Ruben Östlund habla de 'Fuerza mayor'


Giraldillo de oro a la mejor película y premio del jurado en Un Certain Regard del Festival de Cannes, Fuerza mayor, de Ruben Östlund, es uno de los estrenos más importantes de este año y ya puede disfrutarse en cines. En Diario La Cámara te traemos la mejor información y análisis con el director del filme.

La película. Una familia va a esquiar a los Alpes. Están almorzando en un restaurante cuando se produce una avalancha y todo el mundo es presa del pánico. Ebba, la madre, llama a su esposo Tomas para que la ayude a proteger a sus hijos, pero Tomas ha huido para salvar su vida. La avalancha se detiene sin ocasionar daños; sin embargo, el universo familiar no volverá a ser el mismo. La actitud de Tomas ha despertado dudas y ahora busca desesperadamente la forma de recuperar su lugar como padre de familia. Una película acerca del papel del hombre en la familia moderna.

El director habla de 'Fuerza mayor'. La obra nace a partir de una pregunta que me fascina desde hace mucho: ¿Cómo reacciona el ser humano ante situaciones inesperadas, ante una catástrofe? En este caso se trata de unas personas que están de vacaciones y que cuando se produce una avalancha huyen, aterradas. La nieve se detiene y se avergüenzan de su reacción, de haberse dejado llevar por los instintos más básicos. La idea me vino a través de una anécdota que nunca he podido olvidar. Hace unos años, una pareja sueca amiga mía estaba de vacaciones en Latinoamérica. Durante una excursión, un grupo de hombres armados apareció y empezó a disparar. El marido reaccionó por instinto y se puso a cubierto, dejando a su mujer totalmente desprotegida. De vuelta a Suecia, y cuando se tomaba un par de copas, ella contaba la historia una y otra vez, era superior a sus fuerzas.

Consiguió despertar mi curiosidad y empecé a documentarme sobre otras historias verdaderas del mismo tipo: historias de urgencia, de peligro, pasajeros en un barco durante un naufragio, turistas azotados por un tsunami o retenidos como rehenes. Descubrí que en situaciones extremas, el ser humano puede reaccionar de forma sorprendente y totalmente egoísta. Parece ser – y se han realizado estudios científicos al respecto – que después de una catástrofe, un ataque de piratas o un naufragio, un elevado número de supervivientes se separa o divorcia. También parece ser que, en numerosos casos, los varones no hacen gala de la esperada y tradicional caballerosidad. En situaciones de vida o muerte, cuando la supervivencia de cada uno está en juego, los hombres tienen tendencia a huir y a salvarse en vez de proteger a las mujeres, lo que posteriormente es una de las principales causas de divorcio.

Me entraron ganas de hablar de esa noción que nos inculcan a todos, según la cual el varón debe ser el protector de su mujer y de su familia, y del código social que nos enseña que el hombre nunca debe retroceder ante el peligro. Eso me llevó a la idea de un drama existencial que transcurriera en una estación de esquí, lo que me pareció muy interesante por varias razones. Para mí, ir a esquiar simboliza el control absoluto de la vida. Les Arcs, donde se rodó la película, se construyó en los años cincuenta, como la mayoría de las estaciones europeas, para acoger a familias de clase media formadas por una madre (que a veces trabajaba fuera de casa), un padre ejecutivo medio y dos hijos. Se supone que el padre eche una mano en la cocina americana perfectamente equipada del apartamento para que la madre pueda hacer otras cosas, relajarse o salir a esquiar con la familia. Las estaciones de esquí son lugares cómodos. En los anuncios, vemos a la madre descansando y al padre jugando con sus hijos. Las vacaciones son el momento en que el padre occidental se dedica plenamente a la familia para compensar su habitual ausencia por trabajo. Dedica tiempo a la familia y se ocupa de los hijos.

Pero en Fuerza mayor, “el hombre civilizado” se enfrenta inesperadamente a la “naturaleza”. Los personajes se ven involucrados en una situación dramática y Tomas, el padre, se somete a su lado más primitivo; por instinto, se salva a sí mismo, abandonando a su mujer y a sus hijos. De pronto, se ve obligado a aceptar que él también está sometido a las fuerzas de la naturaleza y que no ha sido capaz de disimular un reflejo de lo más elemental, el instinto de supervivencia.
Pasado el momento de pánico de la avalancha, los personajes se esfuerzan en sonreír, se levantan y se sacuden para quitarse la nieve… No ha habido daños físicos, pero los lazos familiares nunca volverán a ser los mismos. Poco a poco empiezan a plantearse preguntas acerca de los papeles que cada uno pensaba cumplir. Los hijos deben acostumbrarse a una imagen diferente de su padre, que no ha reaccionado como se suponía. El propio Tomas debe intentar conciliar sus acciones con la imagen que tiene de sí mismo, y a su mujer Ebba no le queda más remedio que reconocer que su marido y padre de sus hijos les ha abandonado en el momento que más le necesitaban.

Dicha situación ilustra las expectativas mutuas existentes en el seno de una familia aunque no suele hablarse abiertamente de ellas. Cada miembro tiene un papel concreto y todos esperan que los demás cumplan con ese rol asignado. La mayoría, quizá inconscientemente, espera que la madre se ocupe de los hijos en el día a día, mientras que el padre debe intervenir en situaciones peligrosas, fuera de lo común. Sin embargo, en la actualidad, al hombre se le presentan muy pocas ocasiones de intervenir y proteger a su familia. Muchos nunca tendrán la oportunidad de cumplir con ese papel, ya que muy pocos peligros acechan a la familia de clase media. Pero todo el mundo – él incluido – espera que se comporte como un héroe. 

Me interesa esa expectación y, sobre todo, el hecho de que no tiene nada que ver con la realidad. Según las estadísticas, es más probable de lo que imaginamos que un hombre abandone a su familia en una situación crítica. Las investigaciones posteriores a naufragios demuestran que hay más supervivientes masculinos que femeninos. La escena de la avalancha en Fuerza mayor da mucho miedo. Se filmó en un decorado donde se reconstruyó parte de la terraza del restaurante delante de una pantalla verde que fue sustituida durante la posproducción por una magnífica avalancha filmada en la Columbia Británica. Para terminar, se añadió una nube de nieve a la escena. Durante la posproducción de esta escena y de algunas otras, añadí efectos y movimientos de cámara. 


Fuerza mayor transcurre en un entorno majestuoso que quise resaltar aún más mediante un tratamiento digital que me permitió “reconstruir” las montañas y parte del complejo hotelero para crear un universo realmente sensacional. Claro está, los efectos digitales son totalmente invisibles, como ocurrió en mis anteriores películas; nadie debe darse cuenta de que algunas imágenes han sido retocadas. 

Hemos rodado con objetivos anamórficos y con una cámara ARRI Alexa, después de que el director de fotografía Fredrik Wenzel y yo realizáramos una serie de pruebas. La utilización de objetivos anamórficos nos permitió conseguir una sensación más cinematográfica, con encuadres realmente épicos en este decorado montañoso. También permiten una mayor proximidad con los personajes y filmar primeros planos sin perder del todo un segundo plano.

La estructura de la película sigue el desarrollo de la clásica semana de vacaciones en una estación de esquí, primer día, segundo día… hasta que la familia regresa al aeropuerto el quinto día. La estructura familiar queda clara el primer día en medio de un marco magnífico, las montañas, el sol… El incidente de la avalancha ocurre el segundo día. Durante los tres días siguientes vemos cómo la familia intenta superar las consecuencias de la avalancha.

La estructura de cinco días nos ha permitido repetir varios elementos de la rutina diaria, como puede ser el desayuno o lavarse los dientes antes de irse a la cama, con el fin de seguir el desarrollo de los comportamientos familiares antes y después del incidente.

Veremos cómo Ebba y Tomas se enfrentan a lo ocurrido, cómo evolucionan sus sentimientos y su percepción de los acontecimientos, cómo luchan por permanecer juntos, compartiendo sus penas y sus esperanzas. Esta película es más emocional y menos conceptual que mis anteriores películas.
En la escena final, cuando los protagonistas van en autobús hacia el aeropuerto, quise que el dilema de Tomas tomara una dimensión universal. Los turistas se encuentran de pie en la cuneta de la carretera debido en parte a la imprudencia del conductor, pero también porque han permitido que el miedo les venza. Empiezan a bajar andando por la montaña. Cuando ven al autobús alejarse, les invade un cierto sentimiento de vergüenza colectiva, pero a medida que avanzan, este sentimiento se convierte en solidaridad.

* Ruben Östlund nació en 1974 en Styrsö, Suecia. Mientras estudiaba en la Universidad de Gotemburgo, conoció al productor Eric Hemmendorff, con el que fundaría más tarde Plattform Produktion. Su primer largometraje, Guitarrmongot (El mongoloide de la guitarra, 2004), ganó el Premio FIPRESCI en el Festival Internacional de Moscú 2005. Después de dos cortometrajes, rodó De ofrivilliga (Involuntario, 2008), que participó en la sección Una Cierta Mirada del Festival de Cannes. Dos años después ganó el Oso de Oro con el cortometraje Händelse vid bank (Incidente en un banco). Su tercer largometraje, Play (2011), fue invitado a la Quincena de Realizadores de Cannes y ganó el Premio “Coup de Coeur”, antes de participar en los festivales de Venecia y de Toronto. Fue galardonado en numerosos festivales. Junto con su socio, el productor Eric Hemmendorff, ha conseguido reunir a un grupo de cineastas innovadores conocidos como la “Escuela de Gotemburgo”. Fuerza mayor es su cuarto largometraje.
*Fuentes de información: Golem
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