Colaboración: Un cambio anunciado


Un cambio anunciado
por Jaime Aznar*

Francia ha vuelto a confirmar los síntomas del cambio político que se están gestando en su interior. Una izquierda con signos de agotamiento parece incapaz de contrarrestar el nuevo alineamiento de fuerzas, que pronto optarán a la presidencia.

Los socialistas franceses se han quedado definitivamente sin tiempo. Aquella UMP dividida y enfrentada, que permitía cierto margen al partido gobernante para realizar nuevos ajustes presupuestarios, ha encontrado la estabilidad perdida. Prueba de ello son los casi 14 puntos de ventaja obtenidos por el centro-derecha (45,2%), sobre un socialismo en horas bajas (31,9). Tampoco las divisiones de la izquierda han ayudado a frenar el anunciado descalabro, y no me refiero únicamente a la multiplicidad de candidaturas. Los propios socialistas han visto con amargura como su discurso mutaba en los tres últimos años. 

Consciente de este desánimo François Hollando situó a Manuel Valls como primer ministro, un hombre enérgico y valiente capaz de tirar del carro en situaciones complicadas. Sin embargo su nombramiento no ha cumplido las expectativas, pues a medida que desciende el número de votos aumentan las fricciones internas. Las cosas llegaron a tal punto que no solo tuvo en contra a parte de sus compañeros en la Asamblea Nacional, sino que además llegó a constituirse una corriente interna anti-reformista llamada "Vive la Gauche!" (viva la izquierda). Digamos que no es la mejor tarjeta de presentación para concurrir a unas elecciones. Tras conocerse los resultados de la segunda vuelta, el primer secretario del Partido Socialista Jean-Christophe Cambadélis ha apelado a la unidad de la izquierda como receta para afrontar el futuro. ¿Puede alcanzarse este objetivo sin que el PS revise sus principios programáticos? Sea como fuere las derrotas electorales empiezan a acumularse en el casillero de los socialistas.

En el rincón opuesto encontramos la resurrección de un líder que parece estar dispuesto a sucederse a sí mismo. Sarkozy regresa como un Napoleón evadido de la isla de Elba, para reclamar el trono que le arrebató la crisis. Los mismos rigores económicos que le apartaron del poder, vuelven a impulsarle ahora como firme candidato a la presidencia. Las promesas incumplidas de François Hollande han sumido al votante en un comprensible desconcierto, que sin embargo no se ha refugiado en ninguna otra formación de izquierdas. Restaurado el liderazgo, Sarkozy ha sabido abanderar el descontento al mismo tiempo que mantenía cierta equidistancia con la extrema derecha. Esta táctica ya la utilizó en las presidenciales de 2012 con un pésimo resultado, sin embargo ahora le ha valido para imponerse en 70 departamentos, algunos de ellos feudos tradicionales de la izquierda. 

Otro elemento relacionado con el anterior, ha sido el compromiso adquirido por los socialistas de votar a la lista republicana con más posibilidades, allí dónde el Frente Nacional tuviera posibilidades de éxito. Puede que no sea un factor decisivo, pero esta disciplina de voto que la UMP decidió no seguir, ha engordado sensiblemente las ganancias de la derecha. Un último factor ha sido la cohesión interna de su partido y su candidatura con los centristas, en contraste con una izquierda tradicionalmente inclinada a la fragmentación. Si a todo ello sumamos un 50% de abstención, que es donde una parte importante del electorado socialista se ha quedado, comprenderemos mejor el buen momento por el que atraviesa la formación de Sarkozy.

Ya solo queda hablar del extraño fenómeno del FN de Marine Le Pen, un fantasma de las Navidades pasadas que se aparece fundamentalmente en las encuestas. Siempre a punto de lograr un vuelco histórico, las filas del lepenismo se tienen que conformar con unos resultados más bien discretos. La caída del Partido Socialista y la abstención no ha hecho que esta prometedora fuerza electoral conquiste ningún gobierno departamental (como las autonomías en España). La voz de alarma dada en las Elecciones Europeas se ha disipado una vez más, merced a la utilización interesada del miedo y del descontento. En esta ocasión la UMP ha sabido robarle la cartera, pues lo que en realidad buscan los franceses es un liderazgo claro más que una retórica agresiva. Aún así ese 22,3% de votos de la segunda vuelta hacen que miremos a la extrema derecha con cierto respeto, y que la promesa de una futura eclosión no se haya conjurado del todo... El tablero para las presidenciales de 2017 está dispuesto.

*Doctorando en Historia
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