Eran Riklis: "Al margen del conflicto entre árabes e israelíes, importa poco lo que ocurre en el resto de Oriente Medio"


Para explicar la película al público del Festival de Locarno dijo que en muchos aspectos Mis hijos es una historia muy italiana. 

Sí, pero en el sentido de Mediterráneo. España, el sur de Francia, Italia y el Medio Oriente viven de un modo similar. A pesar de todo siguen siendo optimistas. Quería que la primera parte de esta historia fuera más ligera e irónica, que el público se relajase. Luego quería pasar de la risa a la sonrisa y, a partir de ahí, a temas más serios, incluso trágicos.

A pesar de las claras intenciones de la cinta, a la hora de gestar el proyecto usted tomó algunas de las decisiones basándose en el instinto. 

Tanto adaptar la novela como elegir al protagonista lo han sido. Al leer el texto autobiográfico de Sayed Kashua supuse que iba a ayudarme a contar las cosas que quería contar, como aplicar algo de comedia a la película, algo que no había hecho últimamente en mi carrera. Cuando Tawfeek Barhom se presentó al casting para ser el protagonista me dijo que me conocía desde que era niño, aunque yo no lo supiera. Yo había rodado hace años una película en su ciudad natal, un pequeño pueblo árabe, y él había visitado el set. Allí decidió que quería ser actor. Además, su biografía comparte algunas similitudes con las de Sayed y su físico también me ayudaba. Para esta historia necesitaba a alguien que fuera árabe pero que pudiera pasar por judío.

Cuando usted fue candidato a los Premios del Cine Europeo al mejor guion por Los limoneros dijo que una de las grandezas de este continente era que se hacía en él “cine que conciencia”. 

El cine europeo está más ocupado en mostrar en sus historias asuntos políticos que interesan fuera de sus fronteras. Yo adapto parte de esa tradición para mi cine, aunque también utilice los resortes narrativos propios de la industria estadounidense para acercar el relato a más gente, como ocurre en Mis Hijos.

La cinta, precisamente por su argumento, estaba pensada para inaugurar la reciente edición del Festival de Cine de Jerusalén, pero no ocurrió así. 

La guerra lo impidió. Se iba a estrenar en una proyección similar a la de la Piazza Grande de Locarno, pero el estallido del conflicto hizo que no se pudieran celebrar eventos tan multitudinarios y decidimos esperar unos días, pensando que las hostilidades pararían en unos días. Por desgracia eso no ha ocurrido, así que preferimos realizar una proyección normal y corriente antes de que acabara el certamen. He de decir que Locarno, ante miles de personas al aire libre, es un sustituto perfecto.

¿Cree entonces que el cine puede aportar algo positivo a los conflictos de Oriente Medio? 

Considero que, al margen del conflicto entre árabes e israelíes, al mundo le importa muy poco lo que ocurre en el resto de Oriente Medio. Por eso creo que, al igual que el cine europeo, esta cinematografía debería convertirse en un cine de concienciación. No se trata de dictar lo que el espectador tiene que pensar, pero sí que como cineastas digamos a quien está al otro lado de la pantalla: “Esto es lo que sé. Aquí te lo muestro. Ahora toma tus propias decisiones”.
Fuente: Karma Films
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