Yoji Yamada presenta "La casa del tejado rojo"


Yoji Yamada nació en Toyonaka, prefectura de Osaka, en 1931, pero su familia se trasladó a Manchuria cuando tenía dos años. Regresaron a Japón al terminar la II Guerra Mundial y se instalaron en la prefectura de Yamagata. 

Después de licenciarse en la Universidad de Tokio en 1954, trabajó en la productora Shochiku como guionista y ayudante de dirección de Yoshitaro Nomura. Escribió su primer guion en 1958 y dirigió su primera película en 1961. Tiene más de 80 títulos en su haber, entre los que destacaremos la famosa serie cinematográfica “Tora-san”, en la que el protagonista, el mercader ambulante Torajiro, nunca tiene suerte en el amor. La muerte en 1996 del actor Kiyoshi Atsumi, que siempre interpretaba a Torajiro, puso fin a la serie. Durante un periodo de 25 años, se rodaron 48 entregas de “Tora-san”, en su mayoría escritas y dirigida por él, convirtiéndose en la saga con más títulos y de mayor duración de la historia del cine. 

Ha sido galardonado en cuatro ocasiones con el Premio de la Academia Japonesa de Cine a la Mejor Película y en tres, con el de Mejor Director. Además de haber sido nominado al Oscar en la categoría de la Mejor Película de Habla No Inglesa.

¿Por qué decidió hacer una película basada en la novela Chiisai ouchi, de Kyoko Nakajima?

Leí la novela hace tres años. La portada era muy atractiva, la compré y empecé a leerla. Nada más terminarla, me pregunté si ya la estaba filmando alguien. Me enteré de que nadie había comprado los derechos y fui a ver a la autora para explicarle que deseaba hacer una película a partir del libro. No es la primera vez que una película mía se basa en fuentes literarias, pero sí es la primera vez que una novela me inspira para hacer una película.

Es una obra literaria que tiene algo indefinible, misterioso, inquietante. Empecé a escribir el guion mientras reflexionaba en esos tres adjetivos. Es una historia acerca del pecado, pero también está la época en que transcurre. Pensé que sería maravilloso si pudiera captar ese entorno.

Cuando estaba a punto de empezar el rodaje de Tokyo Kazoku, tuvo lugar el gran terremoto del 11 de marzo de 2011 y tuve que posponerlo. En ese momento no podía quitarme la historia de la cabeza. Hay algo conmovedor en el hecho de haber construido los decorados de la película y de contar con un reparto tan espléndido. 

¿En qué pensaba cuando decidió hacer la película?

Hace mucho que dirijo películas, pero nunca había hecho nada parecido. Cuando rodamos la escena de (Takako) Matsu subiendo la escalera donde se aloja (Hidetaka) Yoshioka y entrando en su cuarto, yo estaba tan nervioso como los actores. Era un viaje hacia lo desconocido. 

Su atención por los detalles es excepcional, pero ¿en qué aspectos es diferente esta película de sus anteriores trabajos?

Los actores gesticulan, se mueven de maneras diferentes, pero lo importante es conseguir que la cámara atrape sus pensamientos y estados de ánimo. Pienso en eso cuando ruedo, aunque son cosas difíciles de reconocer, de captar, por lo que me esfuerzo en sentirlas de forma consciente en el “aire” de una escena. Quiero rodar para capturar la atmósfera y la esencia. Una buena película rezuma encanto y fragancia. Quiero que mis películas sean así, pero no es tarea fácil, y por eso suspiro tanto durante un rodaje. 

¿Qué mensaje quería enviar al mundo a través del decorado de La casa del tejado rojo?

El periodo previo a la II Guerra Mundial durante la era Showa fue muy oscuro. Las grandes ciudades japonesas ardieron, fue una época de gran brutalidad. Pero la pequeña burguesía de las afueras de Tokio, a pesar de vivir modestamente dentro de sus posibilidades, supo crear una cultura muy particular. Mi intención ha sido mirar atrás con cariño hacia ese modo de vida y plasmarlo. También me pareció que, en este relato, la cultura se veía rápidamente adelantada por un contexto histórico mucho mayor. Pude documentarme a fondo porque quedan muchas cosas de este periodo. Al parecer, las casas modernas de tejados rojos a dos aguas se hicieron muy populares en los años inmediatamente anteriores al decenio de la era Showa (1935). El diseño de la casa que se ve en la película está basado en la arquitectura, el estilo de vida y la cultura de la época. 

La modesta alegría que muestra la obra durante el periodo moderno de la era Showa es destruido por la guerra que se acerca cada vez más…

La guerra es un pecado horripilante que destruye la felicidad de los seres humanos. En Monsieur Verdoux (1947), Chaplin pronuncia la famosa frase: “Por un asesinato se es un malvado; por un millón, un héroe. Los números sacralizan, amigo mío”. Es la naturaleza de la guerra. Supongo que puede decirse que sentí un afecto desbordante por la anciana Taki, que sufrió toda su vida por su pequeño pasado. Taki lloró, rió, se sintió culpable por un pecado de nada, pero vivió y disfrutó. Los personajes de la película son personas así, gente de cada día. 

Hábleme de los dibujos que acompañan a los créditos de salida.

El libro The Little House, de Virginia Lee Burton, publicado en 1942, que leí a mis hijos cuando eran pequeños, ofrece un contraste con la urbanización moderna, al tiempo que subraya y afirma las alegrías de la vida. De joven no creía mucho en esta alegría modesta que describía, pero ahora el libro me parece notable porque acaba con el traslado de la casa a un lugar donde podrá vivir feliz para siempre. En el mundo real, lo más probable es que haya sido derruida, y me alegro de que la autora decidiera acabar la historia de otra forma. Como en las películas que describen una realidad dura, pero que acaban bien y nos hacen sentir cómodos. La esperanza es algo muy tenue, es importante agarrarse a ella. Y siempre espero que ese sea el mensaje que llega a los espectadores de mi cine. 

¿Qué significado tiene para usted rodar en 35 mm en este momento?

No sé si me creerá si le digo que es un pensamiento que me ha perseguido durante el pasado año. Si solo se tratase de que el 35 mm se convirtiera a digital, de que pasamos conscientemente al digital, muy bien, pero se trata de saber si esto enriquece la expresión cinematográfica. No es un desarrollo comparable a añadir color al cine en blanco y negro, o pasar totalmente a la película en color, se trata más bien de un proceso de racionalización. Para los que hemos crecido con negativo, es exasperante ver que cada vez quedan menos técnicos capaces de manejarlo y que el mismo negativo ya no abunda. Mientras viva, me esforzaré en trabajar con montadores y técnicos de sonido que sepan trabajar con 35 mm. 

¿Qué les diría a las personas que van a ver la película?

Es una película que consiguió hacerse gracias a la total entrega del reparto y del equipo. Posiblemente algunos vieron las similitudes entre la época que describe y el momento actual, con todo el entusiasmo que despertó saber que Tokio acogería los Juegos Olímpicos de 2020. Estos son tiempos de incertidumbre en cuanto al futuro, incluso de cierta intranquilidad, pero si la película inspira a los que la ven a sopesar qué es lo importante y qué no lo es, al comparar el presente con el pasado descrito en la película, me sentiría muy feliz.
Fuente: Golem Distribución
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