Colaboración: El síndrome de Hungría


El síndrome de Hungría, por Jaime Aznar*

Las autoridades de Budapest parecen empeñadas en no desaparecer de las primeras páginas de la actualidad europea, con su interminable rosario de decisiones polémicas. La última hazaña consiste en anunciar la construcción de una valla de 175 km de largo y 4 Km de largo, en su frontera con Serbia. Su pretexto es el de frenar a la inmigración ilegal, justo cuando Bruselas está debatiendo sobre la acogida de refugiados y más avanzadas tenemos las negociaciones con Belgrado. 

No es la primera que el primer ministro conservador Viktor Obrán y su partido FIDESZ causan estupor en la opinión pública, todo lo contrario, se trata de una costumbre fuertemente arraigada. En 2011 aprobó una polémica reforma de la Ley Fundamental que otorgaba más poderes al ejecutivo, provocando las protestas del gobierno alemán por considerarlo contrario a los valores de la UE. Dicha medida ha facilitado el control gubernamental de medios de comunicación, la limitación del acceso a la justicia y los cambios arbitrarios en la ley electoral, entre otros desmanes. Tan solo un año después surgía una nueva controversia tras la rehabilitación oficiosa del dictador pro-nazi Miklós Horty, corresponsable del exterminio de 450.000 judíos húngaros, y cuya figura se ha beneficiado de la calculada ambigüedad del gobierno. Más recientemente, en octubre de 2014, Obrán se veía forzado a retirar una tasa a internet cuyo único fin era silenciar el último altavoz que le quedaba a la oposición. Sin embargo, la joya de la corona nos llegaba este en mayo de este mismo año cuando el ejecutivo trató de dar los primeros pasos para instaurar la pena de muerte, cuestión que ha debido de posponerse tras la presión ejercida por el presidente de la Comisión Europea Jean Claude Juncker. Los ejemplos son numerosos, pero el interrogante es siempre el mismo: ¿Cómo podemos permitir esta clase de decisiones en el seno de nuestra Unión? 

Naturalmente el primer culpable de todo esto es el gobierno húngaro, pero en este caso la Unión Europea aparece como responsable subsidiaria. Hagamos un poco de memoria y recordemos como actuamos frente al extremista austriaco Jörg Haider. Fue gobernador del estado federado de Carintia en dos ocasiones, y su partido llegó a formar gobierno con el Partido Popular entre los años 2000 y 2002. En aquella ocasión Bruselas lanzó una batería de sanciones para evitar que la extrema derecha se hiciera presente en el ejecutivo, incluido el bloqueo diplomático, si bien es cierto que acabaron retirándose tras poco más de siete meses ante la falta de resultados. En aquellos momentos el contexto era diferente, aún no había comenzado la ampliación al este ni había crisis económica, pero las medidas punitivas han continuado a pesar de las circunstancias. A principios de 2014 se aplicaron duras restricciones contra Suiza, después de que el país helvético decidera limitar la entrada de inmigrantes europeos por considerarlos dañinos para su economía. Entonces Bruselas congeló negociaciones, programas conjuntos y acuerdos bilaterales. Lo más dramático de todo esto es que Hungría ya ha sido objeto de sanciones, pero únicamente por cuestiones económicas. Fue el incumplimiento de los objetivos de déficit lo que llevó a Bruselas a paralizar la concesión de 495 millones de euros procedentes de los fondos de cohesión en 2012. ¿Y los abusos de poder? ¿Y la falta creciente de libertades?

Sin darnos cuenta hemos aceptado que en la UE existe un sistema democrático de varias velocidades, y precisamente por ello los desordenes que puedan producirse en la mitad occidental nos preocupan más. Hungría está situada en la cuenca media del Danubio, se adhirió la UE en 2004 y no forma parte de la Eurozona, por lo que  la sensación de lejanía es total. A ello hemos de sumar la pugna entre la Europa del norte y la del sur, la incertidumbre que pesa sobre el futuro Grecia y Reino Unido, o los referendos secesionistas de Escocia y quizás Cataluña. Es otras palabras, mientras el mundo se hace más pequeño y se acuerdan uniones de todo tipo (Unión Euroasiática, Bando de Desarrollo, Canal de Nicaragua,...) Europa parece apostar por la descomposición. Ello es debido a una mentalidad extranjerizante que nos impide reconocernos como iguales a todos los europeos, y por lo tanto, valora la gravedad de ciertos asuntos en función de su localización geográfica. Cualquiera de estas polémicas causaría una honda preocupación en Francia o Alemania, pero si cruzamos el Oder parece haber carta blanca para unas sociedades que no acabamos de ver como iguales. Esa distancia, esa miopía, ese síndrome nos puede costar muy caro en el futuro, pues sin cohesión política, sin respeto a las reglas de juego, no podremos seguir avanzando. 
*Doctorando en Historia
Share on Google Plus

About Diario La Camara

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.
    Blogger Comment
    Facebook Comment

0 comentarios :

Publicar un comentario