El vampiro. Imagen de una sociedad


“Los vampiros tienen suerte, pueden alimentarse de otros. Nosotros tenemos que consumirnos. Tenemos que consumirnos las piernas para tener energía y poder andar. Tenemos que venir para poder ir. Tenemos que succionarnos a fondo. Tenemos que consumirnos hasta que tan sólo nos queda el apetito”

El párrafo con el que comienzo este texto corresponde al breve monólogo de una drogadicta en la película Teniente Corrupto, dirigida por Abel Ferrara y protagonizada por Harvey Keitel. Los personajes de la obra de Ferrara sobreviven en Nueva York gracias a su instinto. Son conscientes de que están atrapados, jamás podrán huir y se están consumiendo. La primera frase del citado párrafo no podría ser más paradójica si recordamos al Drácula interpretado por Klaus Kinski en la versión de Werner Herzog, Nosferatu, vampiro de la noche.

Herzog no adapta la obra de Bram Stoker, por lo que gestiona los tiempos y personajes de forma completamente distinta a otras versiones. De esta forma, Kinski interpreta un ser mucho más oscuro, que muestra su cansancio, su soledad y el odio a las cuestiones banales que le ocupan cada día. El vampiro es un ser especialmente interesante a la hora de valorar lo que somos los seres humanos. Por un lado, gracias a su inmortalidad y a no depender de las limitaciones del tiempo, tiene a su alcance la amplia cultura que durante años se ha desarrollado en el mundo. No tiene prisa, puede conocerlo prácticamente todo. Sin embargo, en el otro extremo encontramos un animal nocturno, insaciable y al que su adicción le ha derrotado por completo.

El vampiro de Herzog es el ser humano de Ferrara. Por eso, Ferrara no sólo habla de vampiros en The Addiction, también lo hace en Teniente corrupto, Welcome to New York o en The Driller Killer. El mayor temor del muerto viviente de Herzog está en lo que realmente es y será siempre, así como en la imposibilidad de adherirse al cambio constante que atesoran los seres humanos. Hoy en día parece que nuestra especie ha adquirido la adicción del vampiro, pero no su inmortalidad, como sucede en las películas de Ferrara. Por lo tanto, sufre un instinto agresivo acompañado por la pérdida total de pensamiento crítico. Es una especie de vampiro que tira por tierra su mejor cualidad: el saber infinito. Sólo son individuos atrapados envejeciendo sin más conocimiento que los tópicos que se difunden masivamente.
Por Miguel Suárez
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