Censura, resignación y fuegos artificiales


"Ahora soy un don nadie, y tengo que vivir el resto de mi vida como un gilipollas"
(Goodfellas, Martin Scorsese)

Decir algo nuevo acerca de Goodfellas parece hoy una tarea imposible. Por eso, con este texto no tengo el objetivo de analizar el trabajo de Scorsese como realizador, sino valorar la resignación del personaje de Ray Liotta en los últimos minutos de película como la actitud más extendida en la actualidad. 

Un punto de vista absolutamente real, similar al de Renton (Ewan McGregor) durante el final de Trainspotting, cuando decide dejar atrás su marginalidad e introducirse en las garras del sistema: "Ahora voy a reformarme y dejar esto atrás, ir por el buen camino y elegir la vida. Estoy deseándolo, voy a ser igual que vosotros. El trabajo, la familia, el televisor grande que te cagas, la lavadora, el coche, el equipo de compact disc y el abrelatas eléctrico, buena salud, colesterol bajo, seguro dental, hipoteca, piso piloto, ropa deportiva, traje de marca, bricolaje, tele-concursos, comida basura, niños, paseos por el parque, jornada de nueve a cinco, jugar bien al golf, lavar el coche, jerseys elegantes, navidades en familia, planes de pensiones, desgravación fiscal... Ir tirando, mirando hacia delante, hasta el día en que la palmes".

En ambos casos existe una aceptación del comportamiento de la masa, un encuentro con un modelo que aborrecen pero del que no pueden escapar si desean seguir vivos. Es el propio sistema el que los ha marginado, el que los ha lanzado en brazos de la violencia o de las drogas, y ahora se les presenta como un redentor. En definitiva, todo supone un engranaje perfecto donde sólo se pueden encontrar dos salidas. Por un lado, la resignación, abrazar el consumismo y el entretenimiento basura para sobrevivir sin pensar demasiado, mientras una banda de sucios rateros se enriquece a nuestra costa. Por el otro, volar por los aires como la adolescente protagonista de Out of the Blue, de Dennis Hopper.

Es evidente que existe una salida diferente a estas dos, pero hay tanto interés en que no sea descubierta que rara vez la censura permitirá encontrarla. "¡No hay censura!", defenderán algunos. ¿A caso no es censura que todos los medios sean controlados por el espectáculo y que rara vez encontremos pantallas que ofrezcan conocimiento? Claro que hay censura, pero vive oculta tras una gran cantidad de bellos fuegos artificiales.
Por Miguel Suárez
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