"El cadáver de Ana Fritz" y los instintos contemporáneos


Presentada en la Sección oficial del último festival de Sitges, El cadáver de Ana Fritz, de Hèctor Hernández Vicens, supone un excelente análisis, sin maniqueísmo ni tópicos, acerca de cómo los instintos más primarios reviven en la sociedad actual. Lejos de una justificación psicológica que tranquilice al espectador, la película sigue paso a paso la degradación de unos jóvenes que manifiestan una voluntad atrofiada por los artificiales vicios contemporáneos. 

El cineasta acierta al mostrar las diversas decisiones de los protagonistas, cuyos planteamientos iniciales como personas definen en un momento de crisis posterior la actitud que toman. La perversión de Pau e Iván, con sus matices, no está relacionada con el clásico enfermo mental afectado por un trauma que guía sus actos. Son jóvenes de nuestro tiempo, atomizados por el entretenimiento basura, que ven, en lo que realmente supone un acto de necrofilia, el alcance del supuesto sueño de acostarse con una actriz de renombre, Ana Fritz.

Una historia sin efectismos, ni trucos fáciles, que ofrece un notable trabajo minimalista y un estudio acerca de la naturaleza humana, corrupta por el espectáculo en nuestros días. Cercana en el fondo a los parámetros intelectuales del giallo más freudiano, El cadáver de Ana Fritz se ha convertido en un referente del género tal y como nació: una mirada crítica al comportamiento humano.
Miguel Suárez (@msuarezpamplona)
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