Pasolini, un autor eterno


Hoy se cumple el cuarenta aniversario del asesinato de Pier Paolo Pasolini, un crimen sin un responsable claro y con muchas otras cuestiones sin resolver. Cada frase, diálogo, plano o poema del autor descubre nuevos aspectos del ser humano y de una sociedad efectivamente contagiada por el virus del consumismo. Su pensamiento no sólo sigue de actualidad, sino que supone una de las pocas miradas sinceras y libres que podemos encontrar en Europa. 

Pasolini advertía en sus obras de la "mercantilización" de la cultura y defendía que era necesario hacer un "cine cada vez más difícil, más árido, más complicado, y quizá incluso más provocador, para que sea lo menos consumible posible" (Nueva York, Errata naturae editores, 2011). Lo que en definitiva le asustaba era la transformación de nuestro continente en un vacío intelectual al servicio del mercado. La historia reciente de Europa nos ha demostrado que Pasolini tenía razón y que durante los últimos años nos han vendido un sistema que pretende curar su incapacidad para progresar desarrollando un consumismo feroz. Puede parecer que la crítica hacia el modelo actual ha crecido, pero también lo han hecho objetos absurdos, impuestos para subsanar esa especie de resignación a la que desean condenarnos.


Los cuatro poderes descritos en Saló o los 120 días de Sodoma se han ido adaptando a las diferentes épocas sin perder ni una pizca de su dominio. Cuando, hace un par de años, tuve la suerte de publicar un ensayo sobre Pasolini en un libro editado por la Fundación Unir de Zaragoza, defendí que nos encontrábamos “en una situación similar a la que citaba el director italiano en 1975. Un modelo de consumo masivo, en el que esos cuatro estamentos, ahora algo modificados, deciden sobre nosotros, nos dicen lo que nos debe gustar, cómo debemos comportarnos y nos animalizan cada vez más, con el único objetivo de que mantengamos su situación de poder”. Hoy puedo añadir que, como también él describió, esa autoridad se basa en convencer al ciudadano de que, para evitar problemas, es mejor someterse a la mano invisible del mercado mientras es distraído por entretenimientos banales.

“Mi gusto cinematográfico no es de origen cinematográfico, sino figurativo”. Pasolini también fue pintor e incluso interpretó a uno en El decamerón, adaptación de una serie de historias de Giovanni Boccaccio. En su cine continuó pintando, comprometido siempre con la realidad y adentrándose en las posibilidades que le ofrecía el lenguaje cinematográfico. Por eso, el excelente montaje de sus películas se encuentra también con intensos planos secuencia en obras como Mamma Roma


Sus frescos impregnados de poesía nos dejaron obras eternas (de Accattone a Teorema, desde Edipo Rey hasta Las mil y una noches). La desaparición de Pier Paolo Pasolini supuso el fin de algo mucho más importante que el de un artista, significó la muerte del pensamiento crítico en nuestro mundo. Una actitud que puede ser revivida con su cine, apagando la televisión, rechazando un sistema educativo que forma “adultos en serie” y valorando de nuevo lo inconsumible. Buscando, como él hizo, seres inocentes, libres.
Miguel Suárez (@msuarezpamplona)
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