Colaboración: La hora de Francia


La hora de Francia
por Jaime Aznar*

La segunda vuelta de las elecciones regionales francesas, ha puesto fin (por ahora) a la posibilidad de un indeseado vuelco electoral. Hace una semana la alta abstención hizo que los votos de la ultra derecha adquirieran mayor protagonismo del que cuantitativamente les correspondía, pero la sola amenaza del Frente Nacional ha movilizado a un electorado hasta entonces pasivo. Decisiva ha sido la decisión tomada por el Partido Socialista, renunciando ha presentarse en algunas regiones con el fin de no dividir el voto democrático. El centro-derecha, en cambio, ha jugado a la equidistancia . Esa fortaleza que parece mostrar ahora con sus siete regiones conseguidas, es fruto de las decisiones tomadas por otros. Sarkozy sale reforzado, pero ha necesitado de ayuda para subirse a este engañoso pedestal. Los socialistas y sus aliados se quedan con cinco regiones, pese a las catastróficas premoniciones de los medios nacionales e internacionales.

Este no ha sido un domingo más, pese a que el seguimiento de las regionales no ha sido muy apasionado en nuestro país. La victoria en estos comicios señala la tendencia que seguirán las presidenciales, y que de haber mantenido los resultados del 7 de diciembre, habrían colocado a Francia en conflicto con la Unión Europea. El Frente Nacional es ante todo un partido eurófobo, cuyas referencias abarcan tanto el nacionalismo como en anti-atlantismo. Hagamos memoria. Marine Le Pen cuenta con fondos rusos para financiar su partido, los cuales se cobran a través de entidades checas y chipriotas. En compensación por estos pagos, la líder del FN ha expresado su pública admiración por el mandatario del Kremlin sin ningún rubor: “El señor Putin es un patriota. Está comprometido con la soberanía de su pueblo”. Sin embargo no sólo se ha quedado en la adulación, incluso se ha permitido a desafiar interesadamente la política exterior de la Unión Europea, al afirmar: “Un verdadero presidente levantaría ya las sanciones contra Rusia”.  Esta rusofilia suele acompañarse de diatribas anti-europeas con eslóganes como: “Francia sí, Bruselas no”. Queda claro que su reciente auge electoral supone una seria amenaza para todo lo que llevamos construyendo desde la firma del Tratado de París en 1951.

Esta extrema derecha, aparentemente nueva pero fundamentalmente reciclada, gusta de exhibir un lenguaje anti-sistema que está calando en los sectores más desfavorecidos de la población. Pese a defender el Capitalismo sin el menor género de dudas, se presenta para “proteger a Francia de la globalización neoliberal”. Esta clase de contradicciones también aparecían en los mensajes pseudo-revolucionarios de Falange Española o del Partido Nazi en la década de los treinta. Sin embargo, su total disposición a entrar en el juego parlamentario proporciona un convincente barniz democrático, que logra embaucar a los electores más desencantados con los partido tradicionales.

Pese a que el Frente Nacional no ha conseguido hacerse con ninguna región, mejora en 600.000 votos los resultados del domingo pasado, alcanzando ya los 6,6 millones de votantes. Nada se ha ganado de manera definitiva. Recordemos la reacción internacional tras la derrota de Adolf Hitler en las elecciones presidenciales de 1932, en aquella ocasión muchos analistas daban por terminada la aventura política del nazismo, augurando un ocaso que como bien sabemos nunca se produjo. Estamos frente al primer caso de país no rescatado, y que además presta dinero, donde una formación extremista amenaza con desestabilizar el statu quo. Hasta ahora este riesgo se había corrido únicamente en estados del sur de la Unión, que precisamente llevan menos tiempo formando parte del proyecto continental. Pero Francia es todo lo contrario. No solamente es una pieza clave en lo político y lo económico, sino que además fue socio fundador de la Comunidad Económica del Carbón y el Acero. ¿Podría haber un Cameron en el Elíseo en 2017? ¿Además del “Brexit” tendremos que afrontar un hipotético “Frenxit”?

Este sólo ha sido un aviso, pero la lucha continúa. Los políticos franceses deben se estar alerta, en especial el centro-derecho, abandonando el nacionalismo como arma política. Por otro lado, Bruselas haría bien lanzar un ambicioso plan de rescate político, antes de que esta engañosa recuperación que nunca llega acabe como Saturno, devorando a sus propios hijos.

* Doctorando en Historia
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