El control de las emociones en "Langosta"


El control de las emociones, legislar sobre lo que siente el ser humano, convierte a la fascinante Langosta, de Yorgos Lanthimos (KinettaCanino, Alps), en un absurdo tan real que da miedo. Si bien no reconocemos directamente en la realidad las acciones descritas por el filme, no podemos negar que la imposición de reglas sobre las relaciones humanas son constantes. Recordemos por ejemplo textos como el de Pier Paolo Pasolini titulado Demasiada libertad sexual os convertirá en terroristas (Tempo, 1972), donde un supuesto ejercicio libre se torna finalmente en una obligación.

Dicho de otro modo, la casa que construía Lanthimos en Canino sería completamente ilegal en cualquier nación de nuestro entorno, pero si en vez de una casa trasladamos todo lo que sucede en ese espacio a un país y sustituimos al cabeza de familia por cualquier líder que utilice el miedo como excusa para gobernar tenemos nuestra sociedad actual. Una comunidad aterrorizada continuamente por amenazas, obligada a dormirse sin preguntar, sin decir nada más que los manidos argumentos que el miedo en sus diferentes formas le ofrece.
Por Miguel Suárez
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