Ken Loach, una bofetada necesaria

Ken Loach, Palme d'or - I, Daniel Blake © Valéry Hache / AFP / Festival de Cannes

La libertad ha dejado de ser algo innato al ser humano, hoy se nos presenta como un bien que debemos ganarnos. Algunos, gracias al lugar donde nacen, ya gozan de ella desde sus primeros días. Estos acostumbran a convertirse en lo que conocemos como neoliberales, defensores a ultranza de la libertad, pero no como derecho sino como beneficio exclusivo de una clase. 

Por otra parte, muchas personas nacen en grupos privados del don de la libertad y deben sudar mucho para poder disfrutar de unos minutos semanales donde no decidan por ellos. En este punto es donde Ken Loach se ha erigido como un símbolo imprescindible, un creador que ha mirado a los aspectos más incómodos de nuestros países, allí donde el libre mercado no suele realizar encuestas de satisfacción.

La Palma de Oro a I, Daniel Blake en el último festival de Cannes supone un espaldarazo a la crítica, a todos aquellos que ponen en duda la perfección del falso paraíso generado por el narcótico consumista. Hay muchos aspectos que analizar en el cine de Loach y todos tienen una raíz común: ofrecen la bofetada necesaria para huir del conformismo, apagar el televisor y abandonar los centros comerciales. Desde la desesperanzada Mi nombre es Joe hasta la poética y musical Jimmy's Hall, el cineasta inglés se ha mantenido fiel a sus reivindicaciones más profundas. Diferentes estilos, mensajes, que defienden siempre al ser humano por encima de la competitividad, de esa lucha constante contra nuestros vecinos por poseer algo que no queremos, que simplemente nos han impuesto que debemos querer.

Es difícil imaginar las razones que llevaban a las autoridades conservadoras a temer tanto al pequeño espacio de libertad que mostraba Jimmy's Hall. No era un lugar de conspiración o una célula terrorista, pero asustaba mucho a aquellos que imponían alegremente el pensamiento único. En  Jimmy's Hall, Loach expuso los orígenes reales de la libertad: la cultura, el pensamiento y el conocimiento. Frente a los que aseguran que ser libres es comprar un coche más grande o un móvil más moderno, su cine nos recuerda que ser libres es saber más, pensar qué podemos aprender de los demás y qué somos capaces de enseñar.
por Miguel Suárez
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